jueves, 20 de abril de 2017

¿La Biblia en el móvil?



Dios quiere iniciar una conversación con los hombres través de la Biblia, un conjunto de libros que son Palabra de Dios, y que fueron escritos bajo una acción especial del Espíritu Santo que llamamos inspiración bíblica.  Los autores de los libros sagrados no fueron necesariamente conscientes de ello.  Fue la iglesia la que en un momento dado señaló cuáles libros están divinamente inspirados y cuáles no. Entre los descartados están todos los apócrifos y todas las versiones tergiversadas por herejes o cismáticos


El Catecismo de la Iglesia Católica dejó claro que el cristianismo no es una religión del libro. La Sagrada Escritura no es leída en la Iglesia como un texto muerto, testigo de un pasado y nada más. Es considerada, en cambio. como un texto vivo. un texto con alma, un texto que debe ser leído a la luz de su propio Autor, es decir, a la luz Espíritu Santo.


En Biblia hay lo que se llama un sentido literal, que es lo que realmente pretendió decir el autor sagrado cuando escribió un texto pensando en un destinatario concreto una persona, a una comunidad concreta. Pero el sentido y por la intención pretendida por Dios cuando inspira ese texto a un autor humano excede con mucho lo que el autor humano pudo intentar o entender. A eso muchos autores lo llaman la excedencia de la Palabra de Dios sobre la autoría humana, sobre lo pretendido por el hagiógrafo. Dios hace que un hombre escriba o diga cosas que las pueden entender sus contemporáneos y, al mismo tiempo, puede encerrar en esas mismas palabras, o textos, significados que pasen inadvertidos al propio autor humano y a sus contemporáneos y qué serán entendidos por otros hombres en otras épocas. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, dice Jesús. En este sentido las Sagrada Escritura es una carta de Dios a los hombres de todos los tiempos, de todas las culturas. Por eso decimos que la Palabra de Dios es viva.


Hay unos principios generales para la exégesis católica de un texto sagrado. Existe una lectura pública de la Biblia dentro de la Iglesia Católica. Esa lectura dura veintiún siglos y está decantada en el magisterio ordinario de la Iglesia. Pero hay también una lectura privada, personal e intima realizada por cualquier cristiano que para orar abre la Biblia para escuchar lo que el Señor le dice personalmente a él. Ese modo de hacer oración puede ser también comunitario, aunque el Espíritu Santo actúa en la intimidad de cada alma. 


En esa lectura de la Palabra de Dios el cristiano no está intentando hacer una exégesis
nueva de la Escritura. El cristiano siempre inicia su oración en el seno de la Iglesia y desde la fe común de la Iglesia. La Palabra de Dios sigue siendo viva. Dios puede hacerle entender el con significado de una frase, o de todo un texto, que va dirigido solo a él. Entonces la conversación entre Dios que habla y el orante que escucha y responde se hace profundamente personal y privada. Se podría decir que Dios usa su Palabra escrita como un pretexto o una ocasión para iniciar una conversación con cualquier alma.

Es de suma importancia de un cristiano esté muy familiarizado con la Escritura y muy especialmente con los Evangelios. El Papa Francisco es muy reiterativo en este consejo. A base de leerlo y meditarlo, deberíamos respirar con el Evangelio. En situaciones de cada día, de un modo a veces inesperado, deberían acudir a nuestra memoria, a nuestro corazón, palabras de Jesús que nos orientan.


Por esto es necesario familiarizarse con la Biblia: leerla a menudo, meditarla, asimilarla. La Biblia contiene la Palabra de Dios, que es siempre actual y eficaz. Alguno ha dicho: ¿qué sucedería si usáramos la Biblia como tratamos nuestro móvil? ¿Si la llevásemos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo, qué sucedería?... De hecho, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría hacer que nos desviáramos del camino del bien; sabríamos vencer las sugestiones diarias del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; nos encontraríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y necesitados, y también a nuestros enemigos (Palabras del Papa Francisco en el rezo del Ángelus, 5.3.2017).



J.S.