jueves, 15 de junio de 2017

Vida interior y sequedad espiritual

Estoy leyendo con atención el libro de José Miguel Cejas Cara y Cruz, obra póstuma del gran escritor. En este libro se relatan detalles conmovedores de la vida espiritual de  San Josemaría. Sirva como ejemplo este comentario del Fundador del Opus Dei hecho a D. Javier Echevarría el 26 de noviembre de 1970. La cita, más amplia, se encuentra en p. 609 del mencionado libro.

¡Seco, hijos míos! - decía poco después-: Ésta es mi situación actual. A mí, me sostiene el Señor, porque yo soy un saco de inmundicia. Busco continuamente de unión con Dios y el Señor me da una gran paz y una gran serenidad: pero me siento seco en la oración, también en la vocal. Hay días, en los que no logro ni siquiera meter la cabeza en un Ave María: me distraigo enseguida. Pero sigo y continúo luchando siempre: nunca dejo de rezar lo que tengo que rezar. Rezo, siempre: procuro cumplir con todo mi amor, aprovechando las circunstancias en que me encuentro. Ahora mismo hago el propósito de rezar bien esta tarde el Rosario.

Es edificante esta confidencia hecha por un gran santo,  cinco años antes de morir. En esto coincide con la biografía de todas las almas grandes, que atravesaron temporadas de oscuridad interior, de purificación pasiva, mientras, de modo oculto, Dios las unía a Sí mismo más intensamente.

No nos debe preocupar mucho el que, en ciertas épocas, cueste más la piedad, o no responda la sensibilidad a lo que, realmente, busca la voluntad. Si perseveramos en esas situaciones, arraigan más en el alma le fe, la esperanza y el verdadero Amor.
                                                                                                                                                             J.S.

Alegres en la esperanza

La esperanza es la seguridad de cosas futuras. Tenemos que aprender a desconectar de la información instantánea a que nos someten los medios para buscar, mediante la la lectura meditada de los Evangelios y la oración, la apertura a horizontes distintos al que nos ofrecen todos los analistas mundanos.

El futuro es siempre incierto, humanamente hablando, pero si nos apoyamos en la fe y en la esperanza cristianas el futuro es seguro: el triunfo de Cristo, su segunda Venida, la instauración el Reino de Dios en la tierra a través de Cristo. Como dijo,con cierto sentido del humor, Benedicto XVI "conocemos la historia y su final, pero no conocemos el detalle".

En un plano personal o individual el futuro está más allá de la muerte. Pero, en un plano colectivo, el futuro será el retorno glorioso de Cristo.

La alegría y la paz cristianas están cimentadas en la virtud sobrenatural de la Esperanza.

J.S.

Los mártires coptos

Una vez más la sangre de los mártires ha sido derramada. El atentado contra los peregrinos cristianos coptos de Egipto ha sido un martirio de hermanos nuestros.

¿Muchos se preguntan quiénes son los coptos? La misma palabra copto quiere decir egipcio en la lengua original de Egipto antes de su arabización lingüística. Ya en el siglo I el cristianismo se extendió rápidamente por Egipto. Los cristianos egipcios proclaman con orgullo que su país fue el primero que visitó Jesús Niño cuándo tuvo que huir la Sagrada Familia ante la persecución de Herodes. Un motivo omnipresente en la decoración de las iglesias coptas es la cena de la Virgen sentada en un borrico con el Niño en su regazo y José tirando del ronzal.

Los coptos son, pues, una reliquia del Egipto antiguo tanto desde el punto de vista religioso como lingüístico. A pesar de 13 siglos de presión islámica la minoría copta constituye todavía hoy más de un 10% de la población egipcia. Sobreviven también otras comunidades cristianas más reducidas, de ritos y orígenes distintos.

Los coptos viven permanentemente en un estado de ciudadanos de categoría inferior, cómo todas las minorías cristianas en países islámicos. Su existencia es legal, pero con muchas restricciones prácticas como el hecho de que no pueden restaurar las iglesias envejecidas si no es con un permiso especial que se da con cuentagotas.

El Patriarcado de los coptos desde hace unos 1000 años está separado de Roma, pero conservan la fe común, los siete sacramentos y la sucesión apostólica. Pertenecen, por tanto, a la comunión de iglesias ortodoxas. Hay no obstante una minoría dentro de los coptos con un patriarcado propio y que están en plena comunión con Roma y por tanto son católicos coptos.

En el reciente viaje del Papa Francisco a Egipto quedó de manifiesto la nostalgia y la aspiración de que la Iglesia vuelva a la unidad de los primeros 1000 años, con una diversidad de ritos y tradiciones propias. Esa tarea, humanamente difícil, pero querida por Jesucristo, se llama Ecumenismo. Es un objetivo que sólo puede realizar el Espíritu Santo y por eso, el alma del ecumenismo es la oración.
Papa Juan Pablo II empleo la expresión Ecumenismo de los Mártires. La unidad anhelada está perfectamente realizada en el Cielo dónde están juntos todos los que testimoniaron su fe en Jesucristo con el martirio.

Son hermanos nuestros, su sangre es Sangre de Cristo. No podemos caer en la ambigüedad de lo que es políticamente correcto en el mundo actual, en nuestro mundo occidental.

J.S.

¿Un mundo sin religión?

Hay una canción de John Lennon que tuvo un éxito enorme: Imagine. La letra de esa canción entraba fácilmente en el corazón de una generación nueva. El muchacho de Liverpool ofreció a la imaginación un mundo ideal sin guerras, sin odios interraciales, sin fronteras nacionales y... sin religión (without religion). Pienso que millones de personas de todo el mundo se tragaron, mientras cantaban,  esa idea ambigua: las religiones han sido causa de muchos males del mundo, sobre todo en forma de guerras y, por tanto,  un mundo sin la religión sería un mundo pacífico. Idea falsa y ambigua.

Es cierto que las religiones han sido instrumentalizadas muchas veces por poderes mundanos para sus fines propios. Históricamente también se ha dado ese abuso dentro del cristianismo y la propia Iglesia Católica reconoció cómo culpas del pasado el uso de la violencia al servicio de la verdad. Pero eso es una pequeña parte de una realidad más profunda. Es un error que conviene corregir, de acuerdo;  pero no podemos caer en este viejo sofisma: al enfermo le duele la cabeza, lo mejor es cortársela.

La religión es absolutamente necesaria para que el hombre pueda realizar su sentido pleno como persona y como sociedad. El Papa Francisco va repitiendo, ante audiencias muy diversas,  que las religiones son instrumentos de paz y no de violencia. No hay mayor ofensa a Dios que matar invocando el nombre de Dios y quienes cometen esa aberración están lejos de tener una relación interior auténtica con el Dios Único y Creador.

La observancia meramente exterior y superficial de ritos y costumbres, incluso de plegarias vocales, sin que salgan del corazón no constituyen una verdadera religión. Son formalidades externas que pueden ser instrumentalizadas por poderes políticos. El Papa ha hablado, incluso,  de cristianos ateos.

El número de creyentes que buscan sinceramente llegar a Dios y escucharle en el fondo del alma es relativamente pequeño en casi todas las religiones. Pienso que en la medida en que haya más personas orantes de verdad, en cada religión, será más fácil la convivencia pacífica de religiones y la pacificación del mundo.

J.S.

El recogimiento cristiano y otras cosas distintas

Una de las experiencias más gratas cuando salimos a la montaña es que desaparecen todos los ruidos propios de una ciudad: el tráfico rodado, las sirenas, el estruendo de las motos, el ruido de máquinas, la algarabía de la gente. Todo eso desaparece en cuanto nos adentramos en los espacios más puros de la naturaleza. Entonces, como aguardando su turno, aparecen otros sonidos distintos: el canto de los pájaros, el rumor del agua que corre, el canto del viento acariciando un bosque... Una nueva sensibilidad se despierta en el alma con capacidad de nuevos goces, sutiles, penetrantes.

Algo parecido, pero en orden distinto, ocurre con la vida espiritual. La voz del Espíritu Santo en nuestro corazón es como un susurro que solamente es percibido cuando hay quietud y paz interior.
Una llamada de atención aquí. Es muy importante detenerse en este punto, porque la sensibilidad actual busca ese estado por sí mismo, como remedio al stress de la vida cotidiana, como una especie de narcisismo gratificante. El éxito de centros dedicados a la enseñanza de técnica de relajación es bien patente. Esa quietud y paz interior puede alcanzarse, pero el corazón puede no abrirse a la alteridad del Dios amante, que nos busca, que nos interpela. Puede quedarse a la mitad, en el mejor de los casos.

La oración cristiana es algo distinto. El trato con el Espíritu Santo es algo distinto.

El Papa Francisco durante la misa celebrada el viernes 9 de enero en Santa Marta nos decía: “Tú puedes hacer mil cursos de catequesis, mil cursos de espiritualidad, mil cursos de yoga, zen y todas estas cosas. Pero todo esto nunca podrá darte la libertad de hijo" Por ello, concluyó el Pontífice, «pidamos al Señor la gracia de tener un corazón dócil: que Él nos salve de la esclavitud del corazón endurecido» y «nos lleve hacia adelante en esa hermosa libertad del amor perfecto, la libertad de los hijos de Dios, la que sólo puede dar el Espíritu Santo».

Me parece que es preferible hablar de recogimiento cristiano, que no simplemente de quietud. Se trata de una apertura interior al Otro.

¡Ven, Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles!
J.S.
Añado link a la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana

El buen uso de Internet y de las nuevas tecnologías

Se ha dicho que, al leer un libro, de un modo pausado inteligente, el lector entabla un diálogo silencioso con el autor. En ese diálogo íntimo, por parte del lector, hay momentos de admiración o de rechazo, pausas reflexivas, el interés por releer algo que ha impresionado mucho o algo que recuerda otro pasaje de otro libro o una situación vivida y casi olvidada. Se ha dicho también que un libro bueno es aquel que empiezas a leerlo y no puedes dejarlo hasta el final
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En todo esto hay mucho de verdad, pero donde realmente es posible un diálogo es en el caso de la escritura digital. No hace mucho glosaba yo, en una entrada de este blog, la letra de una canción que atribuí a los Beatles. Un lector benévolo me comunico, en un WhatsApp, que esa canción no era de los Beatles sino de John Lennon. Tardé dos o tres minutos en cambiar la frase equivocada y actualizar de nuevo el blog. Si el texto estuviera impreso sobre papel tendría que hacer una nueva edición para subsanar el error o bien dejarlo escrito tal como estaba, con el error incluido.

Esto es solo una apreciación muy concreta sobre el mundo digital, del cual soy bastante entusiasta, aunque también reconozco sus límites y admiro el esfuerzo qué hacen los editores modernos para hacer atractiva la letra impresa sobre papel, incluidas fotos, imágenes, diseño, etc.

No es una exageración decir que Internet nos ha cambiado la vida. Ha cambiado la vida del mundo entero. Lo ha cambiado en muchos aspectos para bien y, en otros, no pocos, para mal. Lo mismo que la máquina de vapor, el uso de la electricidad o los vehículos de motor.

Sobre los efectos negativos de Internet hay una abundante literatura de padres, psicólogos pedagogos, pastores de la Iglesia y demás observadores sociales. El mal uso o el abuso de las nuevas tecnologías. puede resultar algo realmente desastroso. Pero también quiero señalar algo sobre lo cual se escribe poco. Me refiero al desconocimiento o el rechazo inconsciente en el uso de ese medio en un sector de edad avanzada. Con ello aumenta el aislamiento y la desconexión con el mundo real de muchos ancianos.

Actualmente están conviviendo en la sociedad la llamada generación milenarista (personas que han nacido con una pantalla y un teclado) con otra generación que, en un momento dado, rechazó todo innovación en su modo de vivir y son ahora incapaces de manejar ningún dispositivo digital. Recuerdo la frase solemne de un anciano culto que no se recataba de decir en público que había hecho voto de no usar nunca una tecla.

Internet y las nuevas tecnologías, bien usados, son buenos. Permiten encontrar información buscada, mejorar la formación con webs adecuadas, comunicarse con los demás, recuperar amistades antiguas, difundir mensajes positivos, evangelizar, disfrutar con imágenes bellas. Además, la oferta de cursos de iniciación por parte de administraciones pública es abundante.

Un buen ejemplo de cuanto he dicho es el blog Siguiendo al Papa Francisco Lo estás leyendo ahora mismo y puedes enviar tus propios comentarios.
J.S.

¿Puede una persona desenamorarse de otra?

Se atribuyen a los procesos de enamoramiento y desenamoramiento una especie de fatalidad inevitable, algo que cuando ocurre en una persona respecto a otra tiene tal fuerza que anula la inteligencia y la voluntad, una situación emocional ante la cual no existe la libertad. Con este prejuicio antropológico se tiende a justificar mucha de las rupturas matrimoniales y muchas decisiones adulterinas.

La madurez humana supone un sano equilibrio entre la razón, la voluntad y la afectividad. La falta de equilibrio entre estas dimensiones de la personalidad puedes llevar a grandes fracasos lo largo de toda la vida. Esta comprobado que una persona carente de sentimientos, de afectos o de emociones normales tiene una tara importante para conseguir una vida lograda, aunque esté dotado de una gran inteligencia o de una voluntad de hierro. Pero también una persona incapaz de orientar, prevenir y moderar su vida emocional será presa de un sentimentalismo que en momentos críticos después de llevar a decisiones disparatadas, a perder el control de sí mismo.

Los clásicos veían en las cuatro virtudes cardinales cómo el eje de la madurez humana: la prudencia la justicia la fortaleza y la templanza. La experiencia cristiana asumido esas virtudes y las ha integrado en un nivel más alto: el de la imitación de Jesucristo
J.S

Dudas de fe...casi normales

Quién dice que nunca tiene dudas de fe quizá no tenga fe, aunque él piense que la tiene. O también, es probable, que tenga una fe infantil.

Creer es asentir y aceptar lo que Dios nos revela por la autoridad del mismo Dios.

Las dudas de fe se dan cuándo encontramos una contradicción entre lo que entendemos y lo que nos propone la fe. Ceder ante una tentación contra la fe es fiarse más de lo que uno entiende que de lo que Dios nos dice. En cambio, la tentación es superada cuando decimos: Señor, qué grande eres que no te entiendo, pero lo encuentro lógico porque si te entendiera no serías Dios sino una criatura como yo. Me fío totalmente de Ti y espero que me ayudes a entenderte un poquito más.

Cuando las tentaciones contra la fe son respondidas con esta actitud humilde, renovando nuestra confianza absoluta en el Señor, acudiendo a la oración y al estudio más profundo del Magisterio de la Iglesia, entonces, crece la inteligencia de la fe, con lo cual nuestra fe se hace más madura. Sabemos mejor lo que creemos.

J.S.

jueves, 18 de mayo de 2017

El don de discernimiento


San Pablo en su primera Carta a los Corintios al hacer una especie de catálogo de los diferentes carismas señala uno en particular: el discernimiento de espíritus (1 Co 12, 10). Es un don que permite distinguir el mal espíritu del buen espíritu. Pero es que hay también espíritus malos? Por supuesto el mismo San Pablo dice que a veces Satanás se disfraza de ángel de luz. Es necesaria una ayuda divina para no caer en engaños, para no hacer cosas malas pensando que son buenas. El demonio engañó a nuestros primeros padres proponiendoles astutamente un plan alternativo al plan divino. También Jesús fue tentado por el diablo con palabras de la Escritura, para apartarle de camino de la Cruz.
En el Evangelio Jesús reprende a Juan y a Santiago, cuando le proponen algo que a ellos les parece bueno. Al Señor le niegan hospedaje en una aldea de samaritanos porque ven que van en dirección a Jerusalén. “Quieres que pidamos al Cielo que caiga fuego y los abrase a todos?”. Jesús les dice no sin ironía: “No sabéis a qué espíritu pertenecéis”.
Hay impulsos o inclinaciones para actuar de determinada manera que parecen buenas y son malas. Parecen buenas porque es lo que se lleva (espíritu mundano o pagano), porque malas compañías lo sugieren, o porque el demonio lo insinúa a nuestra sensibilidad con apariencias de virtud. En esos casos hay tomarse tiempo y pedir ayuda al Espíritu para discernir lo que viene Dios y de un mal principio. El don de discernimiento es especialmente necesario para el acompañamiento espiritual o dirección espiritual. 
No todos son aptos para orientar en la vida espiritual a otras personas. Es una suerte encontrar a alguien que entienda nuestra alma y nos ayude a discernir nuestra peculiar vocación divina. Dice el Papa Francisco “Y cómo puedo saber si una cosa es del Espíritu Santo o de la mundanidad, del espíritu del mundo, del espíritu del diablo? ¿Cómo puedo? ¡Pues pidiendo la gracia del discernimiento! El instrumento que el mismo Espíritu nos da es el discernimiento. Discernir, en cada caso, qué se debe hacer”.
                                                                                                                                    J.S.

jueves, 11 de mayo de 2017

Vida cristiana y rigidez



El Papa Francisco emplea a veces un lenguaje que recuerda al de Jesús en sus diatribas contra los fariseos, un lenguaje que se encuentra especialmente en el Evangelio de San Mateo. Es llamativa la frecuencia con que Jesús aparece ante los ojos de los fariseos como un transgresor. Quizá a propósito Mateo escoja actuaciones de Jesús especialmente provocativas porque su Evangelio es una apologética pensada para judíos cristianos y para los judíos que se lo están pensando. El Señor hace milagros en sábado, come con publicanos y pecadores, absuelve a la mujer adúltera, no impone a sus discípulos un ritual minucioso de purificación antes de las comidas, les deja que arrancan espigas en sábado, trata con especial cariño a los samaritanos, se deja tocar y besar los pies por una pecadora pública, etc. En esas situaciones el escándalo estaba asegurado.
En la Iglesia naciente también hubo cierta rigideces y tensiones ante actuaciones de Pedro y, posteriormente,  de Pablo por las que  cayeron en la sospecha de ser  “infractores”.

El Papa Francisco está hablando en sus homilías de Santa Marta de los rígidos, serían una versión actual de un cierto fariseismo dentro del catolicismo.

No pienso que el Señor provocase a propósito a los fariseos con su actuación libre y amorosa, reflejo humano perfecto de la misericordia y la ternura divinas. Eran ellos, en su mayoría, quiénes se complicaban interiormente. 

El rigorismo, el ritualismo exagerado, el cuidado excesivo de lo externo, de lo formal, sin atender a la ley suprema de la caridad, sin tener en cuenta el sentido común y la epiqueya, pueden esconder auténticas deformaciones en el modo de procurar una vida verdaderamente cristiana.
Hay algo que buenos psiquiatras cristianos señalan, en algunos casos, como   fronterizo con el anancastismo.

"El Señor siempre nos pide que no endurezcamos nuestro corazón. Lo que el Señor quiere decir es que hay otros pueblos, otros rebaños que no son de este redil, pero luego habrá un solo rebaño y un solo pastor. A los que juzgaban como paganos, como condenados, pero que se vuelven creyentes, los consideraban creyentes de segunda clase: nadie lo decía, pero de hecho lo eran. La cerrazón, la resistencia al Espíritu Santo; esa frase que te cierra siempre, que te frena: Siempre se ha hecho así. Y eso mata. Eso mata la libertad, mata la alegría, mata la fidelidad al Espíritu Santo que siempre actúa hacia adelante, llevando adelante la Iglesia. ¿Y cómo puedo saber si una cosa es del Espíritu Santo o de la mundanidad, del espíritu del mundo, del espíritu del diablo? ¿Cómo puedo? ¡Pues pidiendo la gracia del discernimiento! El instrumento que el mismo Espíritu nos da es el discernimiento. Discernir, en cada caso, qué se debe hacer. Es lo que hicieron los Apóstoles: se reunieron, hablaron y vieron que esa era la senda del Espíritu Santo. En cambio, los que no tenían ese don, o no habían rezado para pedirlo, se quedaron encerrados y frenados.

Los cristianos debemos, entre tantas novedades saber discernir una cosa de la otra, discernir cuál es la novedad, el vino nuevo que viene de Dios, cuál es la novedad que viene del espíritu del mundo y cuál es la novedad que viene del diablo. La fe no cambia nunca. La fe es la misma. Pero está en movimiento, crece, se agranda. Y, como decía un monje de los primeros siglos, San Vicente de Lerins, las verdades de la Iglesia van adelante: se consolidan con los años, se desarrollan con el tiempo, se profundizan con la edad, para que sean más fuertes con el tiempo, con los años, se extiendan con el tiempo y se eleven más con la edad de la Iglesia. Pidamos al Señor la gracia del discernimiento para no errar el camino y no caer en la inmovilidad, en la rigidez, en el cierre del corazón
Pidamos al Señor la gracia del discernimiento para no errar el camino y no caer en la inmovilidad, en la rigidez, en el cierre del corazón" (Papa Francisco, homilía en Santa Marta, 7 de mayo de 2017).

Nociones claras como "la apertura a la Palabra" la "docilidad al Espíritu Santo", la humilde recepción de "las sorpresas de Dios", no temer a "lo nuevo", etc. son disposiciones profundas del alma cristiana.


J.S

sábado, 6 de mayo de 2017

Cómo llegar a viejos sin morir en el intento




Ha salido en la prensa una noticia sorprendente. En España hay actualmente 16.000 centenarios. Sabía que el nuestro es uno de los países del mundo con mayor esperanza de vida, pero no sospechaba que tantos españoles hubieran cumplido ya los 100 años. Eso supone que para muchos la mayor parte de su tiempo de su vida va a transcurrir en años de vejez y ancianidad. Es decir que la etapa de la vejez va a ser más larga que la etapa de la adolescencia, que la etapa de la juventud,  que la etapa de la madurez.

¿Qué podemos hacer para afrontar ese reto? En primer lugar dar gracias a Dios por ese don que también es fruto del trabajo del hombre que ha llevado un avance extraordinario de la medicina y de la cirugía.

En segundo lugar, hay que tomar una decisión muy importante en nuestra vida. Hay un cruce de caminos que indica dos direcciones distintas: una del abuelo cariñoso y tierno, la del viejo feliz, con amigos, con proyectos realizables a su edad, con la suficiente flexibilidad para ver venir tiempos distintos y costumbres nuevas. La otra dirección termina en el viejo solitario, gruñón, intratable, amargado y egoísta.

Y en tercer lugar, hay agradecer mucho a Dios que nos haya dado un Papa Francisco que es anciano y un verdadero maestro para todos los ancianos; continuamente se está refiriendo a ellos. Al final de esta entrada pondré unas cuantas frases del Papa Francisco que compendian su pensamiento sobre los viejos.

Lo que es realmente muy penoso es que un hombre o una mujer a partir de cierta edad vaya por la vida de ateo o de agnóstico. La luz crepuscular del ocaso es mucho más rica que la luz del alba. Se hace más fácil entender nuestra condición de criaturas, nuestra necesidad de la religión. Conforta mucho saber que la mayoría de los jóvenes actuales que hoy han roto con su vínculo bautismal, dentro de unos años,  volverán a rezar, volverán a las iglesias.

La verdadera esperanza cristiana, fundada en la palabra de Jesucristo y cultivada por la oración y los sacramentos, puede llegar eliminar completamente el miedo tanto la vida como a la muerte. Recuerdo con cariño a una anciana sabía que me decía: yo ya le he dicho al Señor que tengo las maletas preparadas, pero que no tengo ninguna prisa. Con su vida y con su trato hacia un bien muy grande a muchas personas.
Es bueno querer vivir muchos años si es posible con un grado de salud aceptable y con una mente lúcida para servir al Señor y a las almas.

Pero también ancianos que sufren enfermedades o dolencias penosas crónicas pueden sentirse contentos de vivir muchos años, contribuyendo con sus cuerpos a la redención de la humanidad realizada por Jesucristo en la Cruz. Suplo en mi carne, lo que falta a la Pasión de Cristo, decía San Pablo.


Por último, quiero hacer una referencia al cuidado de la salud. A partir de cierta edad el cuidado de la salud supone una porción importante de lo que podemos llamar santificación de los deberes ordinarios del cristiano. No se trata de ser eternos que para eso tendremos ya la vida eterna. Se trata de mantener durante en la medida de lo posible un grado de independencia y una capacidad de ser útil a los demás.

En España tenemos la suerte de gozar de una sanidad pública realmente buena. Alguna vez hay que entrar en su engranaje. Eso supondrá una rutina de citas, esperas, consultas, revisiones, tratamientos y también, si es preciso,  cirugías. Es parte del vivir más años para servir a Dios ya los demás. También es un motivo de gratitud al Señor el que detrás de ese servicio público nos encontramos con un personal sanitario de excelente calidad humana y técnica.

7 frases del Papa Francisco sobre la importancia de nuestros abuelos
1.- "El anciano no es un extraterrestre. El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente, aunque no pensemos en ello. Y, si no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a nosotros" (Catequesis audiencia general, Ciudad del Vaticano, 04/03/2015)
2.- "¡Que importantes son los abuelos en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad!" (Reflexión antes del rezo del Ángelus, JMJ Río 2013, 26/07/2013)
3.- "Los abuelos son la sabiduría de la familia, son la sabiduría de un pueblo. Y un pueblo que no escucha a los abuelos es un pueblo que muere". (Encuentro Mundial de las Familias, Roma, 27/10/2013)
4.- "¡Es un gran don para la Iglesia, la oración de los abuelos y de los ancianos! La oración de los ancianos y abuelos es un don para la Iglesia, ¡es una riqueza! Una gran inyección de sabiduría también para la entera sociedad humana: sobre todo para aquella que está demasiado ocupada, demasiado absorbida, demasiado distraída" (Catequesis audiencia general, Ciudad del Vaticano, 11/03/2015)
5.- "Los abuelos, los abuelos tienen una capacidad para comprender las situaciones más difíciles: ¡una gran capacidad! Y cuando rezan por estas situaciones, su oración es más fuerte ¡es poderosa!" (Encuentro con los ancianos, Ciudad del Vaticano, 23/09/2014)
6.- "Qué bello es el aliento que el anciano logra transmitir al joven en busca del sentido de la fe y de la vida! Es verdaderamente la misión de los abuelos, la vocación de los ancianos. Las palabras de los abuelos tienen algo de especial para los jóvenes. Y ellos lo saben. Las palabras que mi abuela me dio por escrito el día de mi ordenación sacerdotal, las llevo todavía conmigo, siempre en el breviario, y las leo a menudo, y me hacen bien" (Catequesis audiencia general, Ciudad del Vaticano, 11/03/2015)
7.- "Los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar, porque esta civilización seguirá adelante sólo si sabe respetar su sensatez y su sabiduría" (Catequesis audiencia general, Ciudad del Vaticano, 04/03/2015)


J.S

martes, 2 de mayo de 2017

Mes de Mayo




Recientemente ha aparecido un libro espléndido en Ediciones Palabra. Se titula Cíen años de LUZ. Sus autores son Darío Chimeno y José Mª Navalpotro. Estamos en el centenario de las Apariciones de Fátima y en estos cien años la Virgen de Fátima no ha dejado de alumbrar ni al mundo ni a la Iglesia. Ése es el tema de este libro, que se suma a la abundante literatura ya existente sobre Nuestra Señora. El Papa Francisco destacaba como lectura favorita suya las obras marianas de S. Alfonso María de Ligori. A mí me gusta mucho leer los distintos capítulos de su libro Las glorias de María.

La Iglesia dedica el mes de mayo a la Virgen. Mes de mayo -decía san Josemaría-. El Señor quiere de nosotros que no desaprovechemos esta ocasión de crecer en su Amor a través del trato con su Madre. Que cada día sepamos tener con Ella esos detalles de hijos —cosas pequeñas, atenciones delicadas—que se van haciendo grandes realidades de santidad personal y de apostolado, es decir, de empeño constante por contribuir a la salvación que Cristo ha venido a traer al mundo (1).
San Josemaría se conmovía con las manifestaciones multitudinarias de amor a la Virgen, pero siempre decía que tenía predilección por la romería hecha individualmente o en grupos reducidos, quizá sólo de dos o tres personas. Respeto y amo esas otras manifestaciones públicas de piedad, pero personalmente prefiero intentar ofrecer a María el mismo cariño y el mismo entusiasmo, con visitas personales, o en pequeños grupos, con sabor de intimidad (2).
En 1935, después de su primera visita al santuario de Sonsoles, en tierras de Ávila, el fundador del Opus Dei estableció que, como muestra de amor a la Virgen, todos los fieles de la Prelatura hicieran cada año, en el mes de mayo, una romería a un Santuario o lugar donde se venere una imagen de Santa María. Desde entonces, esa costumbre se ha difundido entre muchas otras personas que han entrado en contacto con su mensaje.

La romería de mayo es una visita a la Virgen hecha con amor filial. Lo que hacía San Josemaría era rezar tres partes del Rosario: una, en el camino de ida; otra —que solía ser la correspondiente al día de la semana, con las letanías—, en el santuario o ante la imagen de Nuestra Señora que había ido a visitar; y la tercera, en el camino de regreso.
Una manifestación particular de la maternidad de María —decía Juan Pablo II en Fátima— la constituyen los sitios donde Ella se encuentra con los hombres, las casas donde habita; lugares donde se nota una particular presencia de la Madre. En todos estos lugares se cumple de modo admirable el singular testamento del Señor crucificado. Allí, el hombre es confiado a María, allí acude con presteza a encontrarse con Ella como con la propia Madre; le abre su corazón, le habla de todo; la recibe en su propia casa, es decir, le hace partícipe de todos sus problemas.
                                                                                        J.S.
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[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 149
[2] Ibid., 139

martes, 25 de abril de 2017

Constructores de paz


Nuestro mundo tiene necesidad de gente valiente que sepa aprender del pasado para construir el futuro sin encerrarse en prejuicios. Estas palabras del Papa Francisco en vísperas de su viaje a Egipto me han hecho pensar en varias cosas.

Efectivamente los prejuicios en la mayoría de los casos son inconscientes. La misma palabra pre-juicio indica la existencia de algo previo a lo que debería de ser un juicio objetivo. Los prejuicios se dan a todos niveles:  personal, familiar, local, colectivo. Hay prejuicios de tipo histórico que condicionan a un país entero; hay prejuicios raciales; también hay prejuicios religiosos. que llevan a comportamientos aberrantes Nadie está exento de prejuicios; pero, si, todos tenemos el deber moral de intentar identificar nuestros propios prejuicios, que tienen siempre una historia,  y de intentar entender la génesis de prejuicios ajenos.

La lectura reciente de dos libros me ha ayudado a comprobar hasta qué punto son perniciosos los prejuicios nacionales y su vigencia actual. Sin un ejercicio sincero de la memoria es imposible la conversión, la purificación de la memoria misma. Los dos libros son la novela Patria de Fernando Aramburu y el ensayo de María Elvira Roca Imperiofobia y leyenda negra.

El Papa Juan Pablo II inauguró en la Iglesia la llamada Purificación de la Memoria Histórica y que tuvo su culminación en la Jornada del Perdón, el Miércoles de Ceniza del año 2000 en la Basílica de San Pedro. El mismo Papa expresó su deseo de que este ejemplo de la Iglesia Católica se generalizase en otras instituciones.

La gran audacia y la confianza en la ayuda de Dios con las que el Papa Francisco está intentando intensificar el diálogo con el Islam es algo meta-político y ejemplar para todos los cristianos.

Nuestro mundo, desgarrado por la violencia ciega —que también ha golpeado el corazón de vuestra querida tierra— tiene necesidad de paz, de amor y de misericordia. Tiene necesidad de agentes de paz y de personas libres y liberadoras, de gente valiente que sepa aprender del pasado para construir el futuro sin encerrarse en prejuicios. Tiene necesidad de constructores de puentes de paz, de diálogo, de fraternidad, de justicia y de humanidad (Papa Francisco, Video Mensaje con ocasión de su viaje a Egipto, 24.4.20117).


J.S.

jueves, 20 de abril de 2017

¿La Biblia en el móvil?



Dios quiere iniciar una conversación con los hombres través de la Biblia, un conjunto de libros que son Palabra de Dios, y que fueron escritos bajo una acción especial del Espíritu Santo que llamamos inspiración bíblica.  Los autores de los libros sagrados no fueron necesariamente conscientes de ello.  Fue la iglesia la que en un momento dado señaló cuáles libros están divinamente inspirados y cuáles no. Entre los descartados están todos los apócrifos y todas las versiones tergiversadas por herejes o cismáticos


El Catecismo de la Iglesia Católica dejó claro que el cristianismo no es una religión del libro. La Sagrada Escritura no es leída en la Iglesia como un texto muerto, testigo de un pasado y nada más. Es considerada, en cambio. como un texto vivo. un texto con alma, un texto que debe ser leído a la luz de su propio Autor, es decir, a la luz Espíritu Santo.


En Biblia hay lo que se llama un sentido literal, que es lo que realmente pretendió decir el autor sagrado cuando escribió un texto pensando en un destinatario concreto una persona, a una comunidad concreta. Pero el sentido y por la intención pretendida por Dios cuando inspira ese texto a un autor humano excede con mucho lo que el autor humano pudo intentar o entender. A eso muchos autores lo llaman la excedencia de la Palabra de Dios sobre la autoría humana, sobre lo pretendido por el hagiógrafo. Dios hace que un hombre escriba o diga cosas que las pueden entender sus contemporáneos y, al mismo tiempo, puede encerrar en esas mismas palabras, o textos, significados que pasen inadvertidos al propio autor humano y a sus contemporáneos y qué serán entendidos por otros hombres en otras épocas. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, dice Jesús. En este sentido las Sagrada Escritura es una carta de Dios a los hombres de todos los tiempos, de todas las culturas. Por eso decimos que la Palabra de Dios es viva.


Hay unos principios generales para la exégesis católica de un texto sagrado. Existe una lectura pública de la Biblia dentro de la Iglesia Católica. Esa lectura dura veintiún siglos y está decantada en el magisterio ordinario de la Iglesia. Pero hay también una lectura privada, personal e intima realizada por cualquier cristiano que para orar abre la Biblia para escuchar lo que el Señor le dice personalmente a él. Ese modo de hacer oración puede ser también comunitario, aunque el Espíritu Santo actúa en la intimidad de cada alma. 


En esa lectura de la Palabra de Dios el cristiano no está intentando hacer una exégesis
nueva de la Escritura. El cristiano siempre inicia su oración en el seno de la Iglesia y desde la fe común de la Iglesia. La Palabra de Dios sigue siendo viva. Dios puede hacerle entender el con significado de una frase, o de todo un texto, que va dirigido solo a él. Entonces la conversación entre Dios que habla y el orante que escucha y responde se hace profundamente personal y privada. Se podría decir que Dios usa su Palabra escrita como un pretexto o una ocasión para iniciar una conversación con cualquier alma.

Es de suma importancia de un cristiano esté muy familiarizado con la Escritura y muy especialmente con los Evangelios. El Papa Francisco es muy reiterativo en este consejo. A base de leerlo y meditarlo, deberíamos respirar con el Evangelio. En situaciones de cada día, de un modo a veces inesperado, deberían acudir a nuestra memoria, a nuestro corazón, palabras de Jesús que nos orientan.


Por esto es necesario familiarizarse con la Biblia: leerla a menudo, meditarla, asimilarla. La Biblia contiene la Palabra de Dios, que es siempre actual y eficaz. Alguno ha dicho: ¿qué sucedería si usáramos la Biblia como tratamos nuestro móvil? ¿Si la llevásemos siempre con nosotros, o al menos el pequeño Evangelio de bolsillo, qué sucedería?... De hecho, si tuviéramos la Palabra de Dios siempre en el corazón, ninguna tentación podría alejarnos de Dios y ningún obstáculo podría hacer que nos desviáramos del camino del bien; sabríamos vencer las sugestiones diarias del mal que está en nosotros y fuera de nosotros; nos encontraríamos más capaces de vivir una vida resucitada según el Espíritu, acogiendo y amando a nuestros hermanos, especialmente a los más débiles y necesitados, y también a nuestros enemigos (Palabras del Papa Francisco en el rezo del Ángelus, 5.3.2017).



J.S.




lunes, 17 de abril de 2017

¿Cristianos ateos?




Es un hecho comprobado por todos, comentado, incluso llevado al cine en clave de humor. Hay regiones españolas que hace unas décadas destacaban por su estructura fuertemente clerical y por su archicatólicismo social y ahora son el imperio de la blasfemia, en público y en privado. Algunos llaman a esto el efecto rebote.

Hace unos años se celebró en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud. Tuvo un éxito de participación asombrosa por parte de jóvenes venidos de todas partes. Pero al mismo tiempo se produjeron escenas en la Puerta del Sol que dieron la vuelta al mundo entero: grupos espontáneos, muy bien organizados, que amenazaban con un odio increíble a grupos de niñas y de monjitas quienes no encontraron otra solución que arrodillarse rezando el Rosario como preparadas para el martirio inmediato. 

Muchos se preguntaron en aquella ocasión qué hubiera sucedido si en Madrid se celebrasen unas jornadas mundiales de druidas, o de meigas, o de partidarios de Frodo vivo. Probablemente nada. El espectáculo hubiera sido acogido con una indiferencia general.

El efecto rebote tiene unas características especiales en sociedades o familias que han sido tradicionalmente católicas. Algunas profanaciones públicas de la Eucaristía, de corte muy burdo, han sido protagonizadas por chicas de la alta burguesía educadas en colegios de monjas.

El Papa Francisco ha dicho cosas que nos atañen absolutamente a todos y que dan con la raíz del rebote cristofóbico.  El Santo Padre describe la trayectoria profunda del corazón humano cuándo después de haber recibido la gracia de Cristo abandona la escucha de la Palabra de Dios y la sustituye por la escucha de otras palabras que no vienen de Dios. Se da un recorrido estrictamente diabólico que le puede suceder a una persona, a una familia, a una nación, a una comunidad originariamente cristiana.

Hay un itinerario que comienza por dejar de escuchar la Palabra de Dios, aunque externamente se siga siendo católico. Ha desaparecido la sinceridad, y nos volvemos católicos infieles, católicos paganos o, más feo aún, católicos ateos, porque no tenemos una referencia de amor al Dios vivo. No escuchar y dar la espalda –que nos hace endurecer el corazón– nos lleva a la senda de la infidelidad.

¿Y esa infidelidad, de qué se llena? Se llena de una especie de confusión, no se sabe dónde está Dios, dónde no está, se confunde a Dios con el diablo. Lo dice el Evangelio de hoy (Lc 11,14-23) que, ante la actuación de Jesús, que hace milagros, que hace tantas cosas para la salvación y la gente está contenta, es feliz, le dicen: Por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios.

Esa es la blasfemia. La blasfemia es la palabra final de este recorrido que comienza con no escuchar, que endurece el corazón, que lleva a la confusión, te hace olvidar la fidelidad y, al final, blasfemas. ¡Ay de aquel pueblo que olvida el asombro del primer encuentro con Jesús|” (Homilía en Santa Marta, 23 de marzo de 2017).

Pienso que cualquier católico del siglo XXI está bombardeado por tal cantidad de voces y mensajes mundanos que, si no se decide seriamente a reservar un espacio a la escucha del Dios que nos habla, difícilmente será fiel a su primer compromiso cristiano.


J.S.

miércoles, 12 de abril de 2017

La Sangre de Cristo,¿derramada por todos o por muchos?






A bastantes católicos les ha sorprendido que, en la misa, el sacerdote al consagrar el vino diga en castellano: “… mi sangre derramada por vosotros y por muchos”. Antes de empezar la Cuaresma y por un espacio de casi 50 años hemos oído en ese momento de la misa: “… mi sangre derramada por vosotros y por todos”.

Hace diez años el Papa Benedicto XVI mandó ese cambio en las traducciones del latín a las lenguas modernas, pero hasta ahora no se ha cumplido.

En latín siempre se ha dicho pro multis, por muchos. En las misas de los primeros siglos, en todos los ritos y en todas las lenguas antiguas, se decía también por muchos. En realidad, lo que el Papa Benedicto XVI mandó es que las traducciones modernas se ajustarán más literalmente a las palabras de la consagración dichas durante siglos.

No se trata de corregir un error dogmático porque las dos fórmulas son verdaderas. Dios quiere que todos los hombres se salven y por tanto puede decirse que fue voluntad de Jesucristo derramar su sangre por la Redención de todo el mundo, su sangre intencionalmente fue derramada por todos; pero la Redención de cada persona no es algo automático. Es requisito acogerse de corazón a la oferta universal de la misericordia divina. En este sentido, los que rechazan obstinadamente, hasta el final de sus días, la oferta que Dios nos hace a través de Cristo no se benefician de su sangre vertida. Por eso es también verdadera la expresión por muchos.

La decisión de Benedicto XVI no fue tomada por razones dogmáticas sino por buscar una fidelidad mayor a lo que durante siglos se ha dicho en todas las lenguas antiguas y en las plegarias eucarísticas de todos los ritos, es decir por muchos.


Este cambio (que en realidad un restablecimiento), significa también un toque de atención. Quién desprecia obstinadamente la sangre de Cristo se está labrando su propia condenación. Los que blasfeman contra la Eucaristía se excluyen de la salvación eterna porque desprecian y rechazan la sangre de Cristo. La sangre de Cristo no les ha servido para salvarse.






J.S.

domingo, 9 de abril de 2017

Distintos modos de vivir y distintas motivaciones




Quien vive para el trabajo, con la idea de crecer en la empresa y ganar más dinero, lleva una vida distinta de quien está centrado en su familia o dedica buena parte de su tiempo al cuidado no remunerado de enfermos terminales.

Quien vive preocupado de su propia fama lleva una vida distinta de quien está pendiente de sus amigos o entrega su vida a la tarea educativa.

Quien vive para «pasarlo bien» y busca placeres cada vez más intensos o sofisticados lleva una vida distinta de quien se dedica a cuidar a los pobres.

Pero, también cuando no se trata de casos tan opuestos como los anteriores, es definitivo lo que se ama. Así, quien vive para cuidar a su perro Bobby tiene una vida distinta de quien se preocupa de hacer feliz a su mujer y educar a sus hijos; quien da la vida por la defensa de las focas tiene una vida distinta de quien se dedica a las iniciativas de cooperación en África.

¿Cuál de ellos es un proyecto más plenamente humano? ¿Cuál es camino (aunque no garantía) de una felicidad mayor? En las sintéticas palabras de J. Burggraf, «la libertad se mide por aquello a lo cual nos dirigimos. Cuanto más grandes son las aspiraciones, más grande es la libertad». Por eso es tan importante que las almas aprendan a disfrutar de lo bueno, a reconocerlo y a valorarlo: está en juego la calidad de su libertad y, por tanto, de su vida entera.

viernes, 7 de abril de 2017

El trato con las personas queridas que ya han muerto




Vivir de fe es como iluminar una habitación    que está a oscuras. Si no hay fe no se ve nada o quizá se vea algo, pero en penumbra. En cuanto se enciende la luz se ve perfectamente la estancia hasta en sus mínimos detalles. Algo semejante ocurre en nuestra vida: si falta visión sobrenatural, vida de fe, muchas circunstancias de nuestra existencia no se ven con claridad. 

Personas  ya fallecidas y hechos acaecidos ocupan un espacio en la memoria, ese almacén en que se guardan los acontecimientos más importantes de nuestra vida, de una manera parecida a como quedan en el en el disco duro de un PC los documentos que se guardan. 

Ante esa especie de trastero o buhardilla del alma hay gran variedad de actitudes. Hay quien procura olvidar lo más posible y hay quienes se refugian cada vez más en ese pasado guardado en la memoria, y también se dan personas atormentadas por su memoria. ¿Cuál sería el comportamiento más cristiano en el uso de la memoria? Se trata de una cuestión íntima y muy personal, porque el Espíritu Santo actúa desde lo recóndito en cada persona; pero hay principios básicos generales. 

 El Papa Francisco hablado varias veces el don de la memoria y también de pedir al Señor ese don: "un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un hombre o una mujer que prisionero de la coyuntura del momento no tiene historia" (Homilía en Santa Marta, 15.5.2013). Tiene historia, pero no sabe cómo entenderla a la luz de Dios. No se acuerda de los grandes dones que Dios le ha concedido a lo largo de su vida, no es consciente de que Dios le ha estado buscando desde el principio, no entiende su propia vocación, no se acuerda de dar gracias. Y si hay memoria buena, cuando asoma un peligro de vanidad, el recuerdo de las propias miserias pone al cristiano en su sitio. "Cuanto más me exalten, Jesús mío, humíllame más en mi corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si tú me dejas" (Camino, 591). Un ejemplo de esa memoria purificada que conduce a Dios son las Confesiones de San Agustín. 

Un lugar importante de nuestra memoria lo ocupan las personas queridas que ya se han ido. Hay situaciones normales que encontramos a nuestro alrededor: un adulto que ha perdido a sus padres y los recuerda, una mujer viuda que no se consuela ante la pérdida de su marido, un anciano que se encuentra desprotegido al quedar viudo, unos padres que se emocionan recordar al hablar de algún hijo qué murió prematuramente, una madre que no puede borrar de su memoria un bebé qué llevo en sus entrañas y no llegó a nacer, un hermano que recuerda hermanos difuntos, cualquiera de nosotros que recuerda a sus mejores amigos que abandonaron este mundo.

 Ese recuerdo necesita también ser purificado, transformado, por la vida de fe y de esperanza cristianas. Como dice el Papa Francisco: "En algún momento del duelo hay que ayudar a descubrir que quienes hemos perdido un ser querido todavía tenemos una misión que cumplir, y que no nos hace bien querer prolongar el sufrimiento, como si eso fuera un homenaje. La persona amada no necesita nuestro sufrimiento ni le resulta halagador que arruinemos nuestras vidas. Tampoco es la mejor expresión de amor recordarla y nombrarla a cada rato, porque es estar pendientes de un pasado que ya no existe, en lugar de amar a ese ser real que ahora está en el más allá. Su presencia física ya no es posible, pero si la muerte es algo potente, «es fuerte el amor como la muerte» (Ct 8,6). El amor tiene una intuición que le permite escuchar sin sonidos y ver en lo invisible. Eso no es imaginar al ser querido tal como era, sino poder aceptarlo transformado, como es ahora. Jesús resucitado, cuando su amiga María quiso abrazarlo con fuerza, le pidió que no lo tocara (cf. Jn 20,17), para llevarla a un encuentro diferente" (Encíclica Amoris Laetitia, n. 255). 

Sabemos que los que murieron en Cristo viven ahora en Cristo, bien gozando en el Cielo de la vida eterna o terminando su purificación en el Purgatorio. Quienes rechazaron hasta el último instante la misericordia divina se autoexcluyeron de los planes divinos de la salvación: a eso llamamos Infierno. La memoria de nuestros seres queridos difuntos no debe quedarse anclada en el pasado. Debemos conectar con ellos en su situación presente, unidos a ellos en Cristo. Conviene recordar que también las almas del Purgatoria son benditas, están en Comunión con los bienaventurados y con quienes viven la fe, la esperanza y la caridad en su etapa terrena. 

Benedicto XVI abre horizontes a nuestro trato con esos seres queridos difuntos, mirando siempre al presente y al futuro: "Que el amor pueda llegar hasta el más allá, que sea posible un recíproco dar y recibir, en el que estamos unidos unos con otros con vínculos de afecto más allá del confín de la muerte, ha sido una convicción fundamental del cristianismo de todos los siglos y sigue siendo también hoy una experiencia consoladora. ¿Quién no siente la necesidad de hacer llegar a los propios seres queridos que ya se fueron un signo de bondad, de gratitud o también de petición de perdón?" (Encíclica Spe salvi, n. 48).

 Es un deber de caridad ofrecer misas por nuestros difuntos. La Iglesia siempre hace memoria de sus fieles difuntos en la celebración de la Eucaristía. Sólo cesa esa intercesión por ellos en el caso de los proclamados Beatos. A partir del momento de su Proclamación como Beatos la Iglesia acude solamente a su intercesión en favor nuestro. 

En la piedad práctica y privada, a los seres queridos difuntos que han fallecido en el seno de la Iglesia, con signos claros de su muerte en Cristo, podemos pedirles su ayuda en toda clase de necesidades espirituales o materiales. 

Jorge Salinas

lunes, 3 de abril de 2017

Dios nos ama



Si dijeran "alguien está enamorado de ti", sentirías probablemente un primer momento de vanidad y de curiosidad. ¿Quién será? Pero enseguida una reacción de sensatez: No me interesa nada que pueda ir contra mi estabilidad y fidelidad afectiva. Supón que te dicen: "Ese Alguien dará consistencia y sentido a tus amores básicos. Te salvará con su Amor de todos los peligros".

¿Quién ese enamorado mío? Es Dios. San Josemaría escribió "La Trinidad se ha enamorado del hombre". El sentido último de nuestra vida es corresponder a ese Amor que Dios nos tiene y fomentar el santo orgullo de sabernos hijos de Dios.      
                 
 La correspondencia al Amor de Dios a través de los Sacramentos, en nuestro trato habitual con El (=oración) y en la conducta llena nuestra vida de felicidad.

Por eso la esperanza cristiana es “sólida, por eso  no defrauda. No se basa en lo que hagamos o seamos, ni tampoco en lo que creamos. Su fundamento, es decir el fundamento de la esperanza cristiana,  es lo más fiel y seguro que hay, el amor que Dios nutre por cada uno de nosotros. Es fácil decir : Dios nos ama; todos lo decimos. Pero pensad un poco: ¿Cada uno de nosotros es capaz de decir: “Estoy seguro de que Dios me ama”?. No es tan fácil decirlo, pero es verdad. Es un buen ejercicio éste de decirse a uno mismo: Dios me ama. Esta es la raíz de nuestra seguridad, la raíz de la esperanza (Papa Francisco, Audiencia general).


                                                                                                                                     J.S.