viernes, 18 de octubre de 2013

De nuevo el Papa Francisco y las "ideologías"

A veces, cuando el Papa habla, recuerda mucho a los pasajes del Evangelio en los que Jesús lanza invectivas contra los fariseos. El Señor usaba una pedagogía fuerte y sumamente peligrosa, que de hecho le acarreó la muerte. Jesús tenía también amigos fariseos, pero era necesario liberar al verdadero Israel del encorsetamiento farisaico, que ahogaba la comunicación real con Dios e impedía entender y recibir al Enviado.

El Obispo de Roma, con frecuencia, traslada aquella situación al presente. En el vocabulario del Papa Francisco la palabra “ideología” (tratada ya en este blog: ver aquí y aquí) sería todo intento de reducir el insondable Misterio Vivo de Cristo a un sistema de pensamiento humano, a un constructo mental, a un código de conducta detallista. Así se puede deducir de sus palabras en Santa Marta el pasado 17 de octubre: “La fe pasa, por así decirlo, por un alambique y se convierte en ideología. Y la ideología no convoca. En las ideologías no está Jesús: su ternura, su amor, su docilidad. Y las ideologías son rígidas, siempre. Ideologías de todo tipo: rígidas. Y cuando un cristiano se convierte en discípulo de la ideología, ha perdido la fe: no es más un discípulo de Jesús, es un discípulo de esta actitud de pensamiento, de esto... Y por esto Jesús les dice: 'Ustedes se han llevado la llave de la ciencia’. El conocimiento de Jesús es transformado en un conocimiento ideológico e incluso moralista, porque estos cerraban la puerta con tantas prescripciones”.

Pero esta consideración no es nueva; pertenece al depósito de la sabiduría cristiana. Un principio común a todas las escuelas de la teología cristiana es que de Dios solo podemos hablar de modo analógico usando el lenguaje de las criaturas cuando hablan de las criaturas; es más, que cuando usamos una misma palabra para hablar de Dios y de las criaturas (Dios es bueno, sabio, Padre, etc.) la desemejanza es mayor que la semejanza. Y Santo Tomás de Aquino dice claramente que “el acto del que cree no tiene por término la proposición, sino la realidad significada" (1).

El puente que nos une a Dios es la oración. Por eso la fe que no ora está muerta. El cristiano que no busca “el cara a cara con Jesús”, o lo rehuye,  está en camino de ser cristiano sólo de nombre o de carnet. La llave que abre la puerta a la fe - anotó el Papa- es la oración.


Dice un proverbio oriental que “cuando el sabio señala con el dedo las estrellas, el necio sólo se fija en el dedo del sabio” Me gusta considerar que el Papa Francisco es el sabio que nos señala la estrella, que es Cristo. 

Y tú y yo, ¿qué somos?

J. S.

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(1) actus autem credentis non terminatur ad enuntiabile, sed ad rem (STh I-II q. 1 a. 2 ad 2)