jueves, 15 de junio de 2017

¿Un mundo sin religión?

Hay una canción de John Lennon que tuvo un éxito enorme: Imagine. La letra de esa canción entraba fácilmente en el corazón de una generación nueva. El muchacho de Liverpool ofreció a la imaginación un mundo ideal sin guerras, sin odios interraciales, sin fronteras nacionales y... sin religión (without religion). Pienso que millones de personas de todo el mundo se tragaron, mientras cantaban,  esa idea ambigua: las religiones han sido causa de muchos males del mundo, sobre todo en forma de guerras y, por tanto,  un mundo sin la religión sería un mundo pacífico. Idea falsa y ambigua.

Es cierto que las religiones han sido instrumentalizadas muchas veces por poderes mundanos para sus fines propios. Históricamente también se ha dado ese abuso dentro del cristianismo y la propia Iglesia Católica reconoció cómo culpas del pasado el uso de la violencia al servicio de la verdad. Pero eso es una pequeña parte de una realidad más profunda. Es un error que conviene corregir, de acuerdo;  pero no podemos caer en este viejo sofisma: al enfermo le duele la cabeza, lo mejor es cortársela.

La religión es absolutamente necesaria para que el hombre pueda realizar su sentido pleno como persona y como sociedad. El Papa Francisco va repitiendo, ante audiencias muy diversas,  que las religiones son instrumentos de paz y no de violencia. No hay mayor ofensa a Dios que matar invocando el nombre de Dios y quienes cometen esa aberración están lejos de tener una relación interior auténtica con el Dios Único y Creador.

La observancia meramente exterior y superficial de ritos y costumbres, incluso de plegarias vocales, sin que salgan del corazón no constituyen una verdadera religión. Son formalidades externas que pueden ser instrumentalizadas por poderes políticos. El Papa ha hablado, incluso,  de cristianos ateos.

El número de creyentes que buscan sinceramente llegar a Dios y escucharle en el fondo del alma es relativamente pequeño en casi todas las religiones. Pienso que en la medida en que haya más personas orantes de verdad, en cada religión, será más fácil la convivencia pacífica de religiones y la pacificación del mundo.

J.S.
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