jueves, 15 de junio de 2017

El recogimiento cristiano y otras cosas distintas

Una de las experiencias más gratas cuando salimos a la montaña es que desaparecen todos los ruidos propios de una ciudad: el tráfico rodado, las sirenas, el estruendo de las motos, el ruido de máquinas, la algarabía de la gente. Todo eso desaparece en cuanto nos adentramos en los espacios más puros de la naturaleza. Entonces, como aguardando su turno, aparecen otros sonidos distintos: el canto de los pájaros, el rumor del agua que corre, el canto del viento acariciando un bosque... Una nueva sensibilidad se despierta en el alma con capacidad de nuevos goces, sutiles, penetrantes.

Algo parecido, pero en orden distinto, ocurre con la vida espiritual. La voz del Espíritu Santo en nuestro corazón es como un susurro que solamente es percibido cuando hay quietud y paz interior.
Una llamada de atención aquí. Es muy importante detenerse en este punto, porque la sensibilidad actual busca ese estado por sí mismo, como remedio al stress de la vida cotidiana, como una especie de narcisismo gratificante. El éxito de centros dedicados a la enseñanza de técnica de relajación es bien patente. Esa quietud y paz interior puede alcanzarse, pero el corazón puede no abrirse a la alteridad del Dios amante, que nos busca, que nos interpela. Puede quedarse a la mitad, en el mejor de los casos.

La oración cristiana es algo distinto. El trato con el Espíritu Santo es algo distinto.

El Papa Francisco durante la misa celebrada el viernes 9 de enero en Santa Marta nos decía: “Tú puedes hacer mil cursos de catequesis, mil cursos de espiritualidad, mil cursos de yoga, zen y todas estas cosas. Pero todo esto nunca podrá darte la libertad de hijo" Por ello, concluyó el Pontífice, «pidamos al Señor la gracia de tener un corazón dócil: que Él nos salve de la esclavitud del corazón endurecido» y «nos lleve hacia adelante en esa hermosa libertad del amor perfecto, la libertad de los hijos de Dios, la que sólo puede dar el Espíritu Santo».

Me parece que es preferible hablar de recogimiento cristiano, que no simplemente de quietud. Se trata de una apertura interior al Otro.

¡Ven, Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles!
J.S.
Añado link a la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana
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