martes, 9 de julio de 2013

COMENTARIO El Papa Francisco y el Catecismo de la Iglesia Católica

Hay una escena del Evangelio en la que Jesús hace dos encuestas al estilo moderno, dos encuestas de opinión, parecidas a las que realiza por encargo cualquier agencia especializada hoy día. Una o varias preguntas bien pensadas, una muestra de población, unos agentes que plantean un cuestionario, una recolección de datos, un estudio y un resultado. Lo que solemos  leer o a ver en TV son ejemplos muy simples de entrevistas a pie de calle, sin las pretensiones de encuestas profesionales bien hechas. Vd ¿qué piensa del calor que hace?  Y contesta una señora, un joven, una anciano o un turista de paso: pues yo pienso de que…

Jesús hace una encuesta bien hecha. Estamos en Cesarea de Filipo y quizá haya transcurrido ya un año desde el inicio de su vida pública. Miles de personas le han visto, le han oído, le han tocado...Muchos enfermos han sido curados, endemoniados han sido liberados, su fama de rabino santo, que habla de un modo nuevo, se extiende por Galilea y Judea. El círculo de discípulos más cercano, más estable, que le acompaña a todas partes, ha estado en contacto directo con esas muchedumbres y sabe lo que la gente piensa y comenta sobre Jesús. Es lógico, pues, que el Maestro les pregunte a ellos, los discípulos, acerca del estado de opinión de las muchedumbres. ¿Quién dicen los hombres que es Hijo del Hombre? Que es tanto como preguntar: ¿qué dice la gente de Mí?

Resultados de esta primera encuesta: Unos que Juan el Bautista, otros de Elías, y otros que Jeremías o alguno de los profetas. Salta a la vista que la valoración que el pueblo hace de Jesús es altísima. Sería la envidia de los políticos modernos que suelen ser valorados periódicamente en encuestas semejantes.

Pero Jesús tiene preparada una segunda encuesta, esta vez más restringida. Se dirige sólo a los Apóstoles. Y ¿vosotros quién decís que soy Yo? La respuesta de Simón Pedro es  rotunda y en solitario: Tú eres el Cristo,  el Hijo de Dios vivo. Ésa es la fe de la Iglesia, puesta en boca de Pedro. Una confesión, una identificación de Jesús de un modo distinto, único e infinitamente superior a cualquiera de los resultados de la primera encuesta. El Señor deja en claro que ese conocimiento que tiene Pedro no resultado de pesquisas humanas, que es un don, que es una revelación interior de mi Padre que está en los Cielos.

Ser católicos no es disponer de un menú de opciones o preferencias en los temas que son de fe.  Yo pienso de que, opino de que, soy católico pero creo en esto, pero no en esto otro, etc. Como nos enseña el Papa Francisco en su encíclica Donum Fidei: Es imposible creer cada uno por su cuenta. La fe no es únicamente una opción individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relación exclusiva entre el « yo » del fiel y el « Tú » divino, entre un sujeto autónomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al « nosotros », se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia.

El catolicismo “a la Carta” supone una corrupción de la fe. Como decía San Cipriano, la fe es una o no es fe. El Credo es como un cuerpo y los artículos de fe son como los miembros de ese cuerpo.

El Papa Francisco desarrolla, en su Encíclica, con claridad, este rasgo de la unidad e integridad de la Fe. Nuestra fe es la fe Iglesia. Por eso la fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio.
Una vez más, el Papa Francisco, señala la importancia del Catecismo de la Iglesia Católica, instrumento fundamental para aquel acto unitario con el que la Iglesia comunica el contenido completo de la fe, « todo lo que ella es, todo lo que cree ».

Me permito un consejo práctico al amable lector. Tener siempre a mano el Catecismo de la Iglesia Católica, como una guía, un vademécum, un criterio seguro. En papel o en soporte informático, en el PC, en el Smartphone o en el e-reader.

Jorge Salinas


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