domingo, 14 de julio de 2013

COMENTARIO El vocabulario del Papa Francisco: autorreferencial

Se trata de una idea antigua, que vuelve a aparecer una vez más en  el Concilio Vaticano II: la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano. Por tanto la Iglesia no es fin en sí misma, sino que señala y permite una realidad que es distinta de ella misma.

Pongo un ejemplo: El cohete propulsor de una nave espacial tiene una finalidad concreta, que es vencer la resistencia de la gravedad a base que quemar combustible para poner en órbita a la nave. El cohete se va desprendiendo de los tanques que almacenan el combustible y al final se queda en nada. Ha funcionado como un instrumento que una vez conseguido el fin desaparece.  El Vaticano II recuerda que al final de los tiempos “la Iglesia y sus instituciones desaparecen”  para dar lugar a la realidad última: el Reino de Dios en Cristo (1).

Hasta ese momento final la misión de la Iglesia es facilitar la presencia de Cristo entre los hombres, facilitar la incorporación a Cristo, comunicar a Cristo. Si los miembros de la Iglesia con oficio de pastores olvidamos esa referencia a Cristo podemos incurrir en esa involución que el Papa llama autorreferencialidad. El Papa lo ha dicho a los obispos argentinos: La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencial; mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella mujer del Evangelio. Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado, y luego nos impide experimentar “la dulce y confortadora alegría de evangelizar”.

(1) En la teología medieval a ese resultado neto, final, de la acción sacramental, desaparecido el signo, se llamaba res tantum.

J.S.