viernes, 19 de julio de 2013

COMENTARIO Vocabulario del Papa Francisco: la carne, las llagas de Cristo

Cuando el Papa Francisco habla del “cuerpo” y la “carne” de Cristo usa el lenguaje paulino con un realismo y una actualidad notables.

San Pablo conoce en un nivel espiritual una cercanía de Cristo muy “corporal”: ¿No sabéis que sois miembros de Cristo?;  El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque-que comemos todos del mismo pan; Sufro en mi carne los que falta a la Pasión de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia. Ésta y otras muchas otras sentencias del Apóstol  revelan su vivencia de la Encarnación de Cristo,  su percepción de la unidad personal de cuerpo y alma,  la necesidad de “la redención del cuerpo” y, sobre todo, su experiencia de la Eucaristía y de Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo.

El Papa Francisco hable de “tocar” a Cristo en la condición humana sufriente: en los pobres, en los enfermos, en los débiles, en los niños. Basta ver la ternura con que trata a personas severamente dañadas. Recuerda  a  San Francisco cuando besó las llagas de un leproso como si fuera el mismo Cristo.

Para encontrar al Dios vivo es necesario besar con ternura las llagas de Jesús en nuestros hermanos hambrientos, pobres, enfermos y encarcelados. Son palabras del Papa en Santa Marta.

Especial devoción tiene el Obispo de Roma a las “llagas” de Cristo: “las llagas de Jesús tú las encuentras haciendo obras de misericordia, dando al cuerpo – al cuerpo – y también al alma, pero – subrayo – al cuerpo de tu hermano llagado, porque tiene hambre, porque tiene sed, porque está desnudo, porque es humillado, porque es esclavo, porque está en la cárcel, porque está en el hospital. Estas son las llagas de Jesús hoy. Y Jesús nos pide que hagamos un acto de fe, en Él, pero a través de estas llagas. ‘¡Ah, muy bien! Hagamos una fundación para ayudar a todos aquellos y hagamos tantas cosas buenas para ayudarlos. Eso es importante, pero si nosotros permanecemos en este plano, seremos sólo filántropos. Debemos tocar las llagas de Jesús, debemos acariciar las llagas de Jesús, debemos curar las llagas de Jesús con ternura, debemos besar las llagas de Jesús, y esto literalmente. Pensemos en lo que le sucedió a San Francisco, cuando abrazó al leproso. Lo mismo que a Tomás: ¡su vida cambió!”.

Don concede ese don de la cercanía a las personas concretas a quienes son muy espirituales, es decir, a quienes tienen “la mirada limpia”, el cuerpo mortificado y el corazón lleno de Cristo misericordioso.

J. S.
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