miércoles, 17 de julio de 2013

Todos somos Iglesia


Palabras del Papa Francisco pronunciadas en italiano en la Audiencia General del 26 de junio. No necesitan comentario. Son muy claras. Con preguntas al final que nos interpelan a todos
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Nosotros somos las piedras vivas del edificio de Dios, unidas profundamente a Cristo, que es la piedra de sustentación, y también de sustentación entre nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el templo somos nosotros, nosotros somos la Iglesia viviente, el templo viviente, y cuando estamos juntos entre nosotros está también el Espíritu Santo, que nos ayuda a crecer como Iglesia. Nosotros no estamos aislados, sino que somos pueblo de Dios: ¡ésta es la Iglesia!

Y es el Espíritu Santo, con sus dones, quien traza la variedad. Esto es importante: ¿qué hace el Espíritu Santo entre nosotros? Él traza la variedad que es la riqueza en la Iglesia y une todo y a todos, de forma que se construya un templo espiritual, en el que no ofrecemos sacrificios materiales, sino a nosotros mismos, nuestra vida (cf. 1 P 2, 4-5). La Iglesia no es un entramado de cosas y de intereses, sino que es el Templo del Espíritu Santo, el Templo en el que Dios actúa, el Templo del Espíritu Santo, el Templo en el que Dios actúa, el Templo en el que cada uno de nosotros, con el don del Bautismo, es piedra viva. Esto nos dice que nadie es inútil en la Iglesia, y si alguien dice a veces a otro: «Vete a casa, eres inútil», esto no es verdad, porque nadie es inútil en la Iglesia, ¡todos somos necesarios para construir este Templo! Nadie es secundario. Nadie es el más importante en la Iglesia; todos somos iguales a los ojos de Dios. Alguno de vosotros podría decir: «Oiga, señor Papa, usted no es igual a nosotros». Sí: soy como uno de vosotros, todos somos iguales, ¡somos hermanos! Nadie es anónimo: todos formamos y construimos la Iglesia. Esto nos invita también a reflexionar sobre el hecho de que si falta la piedra de nuestra vida cristiana, falta algo a la belleza de la Iglesia. Hay quienes dicen: «Yo no tengo que ver con la Iglesia», pero así se cae la piedra de una vida en este bello Templo. De él nadie puede irse, todos debemos llevar a la Iglesia nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor, nuestro pensamiento, nuestro trabajo: todos juntos.

Desearía entonces que nos preguntáramos: ¿cómo vivimos nuestro ser Iglesia? ¿Somos piedras vivas o somos, por así decirlo, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? ¿Habéis visto qué feo es ver a un cristiano cansado, aburrido, indiferente? Un cristiano así no funciona; el cristiano debe ser vivo, alegre de ser cristiano; debe vivir esta belleza de formar parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. ¿Nos abrimos nosotros a la acción del Espíritu Santo para ser parte activa en nuestras comunidades o nos cerramos en nosotros mismos, diciendo: «tengo mucho que hacer, no es tarea mía»?
  

El Via Crucis que se celebrará en la JMJ Rio 2013


2013-07-17 Radio Vaticana
(RV).- El Vía Crucis que se celebrará en la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, exactamente el día 26 de julio, tratará los sufrimientos de Jesús haciendo una metáfora con los problemas de la juventud de hoy. Serán 14 estaciones de las cuales 13 se representarán en la zona de la Avenida Atlántico de la ciudad, en unos 900 metros, y la última será en el escenario principal, donde estará el Papa Francisco. Participarán 280 personas y el evento durará una hora y cuarto.
La misión de conversión, las comunidades, las madres jóvenes, los seminaristas, la religión en la defensa de la vida, las parejas, las mujeres que sufren, los estudiantes, las redes sociales, los reclusos, enfermedades terminales, la muerte de los jóvenes, serán algunos de las cuestiones que se tratan en las estaciones.
"Este Via Crucis, dice el Director Artístico del evento, Ravel Cabral, se creó para hablar a los jóvenes, así como todavía hoy nos habla el camino doloroso que hizo Jesús. El Camino de la Cruz es también un mensaje de solidaridad. Queremos no sólo hablar de las dificultades de los niños, asegura Cabral, sino también fomentar el espíritu de los jóvenes a actuar juntos en Cristo ". (MZ-RV)
Nos vamos a la JMJ
RV).-Marc Tulls tiene 26 años, es español y va a la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro con diez amigos. Viajará desde Solsona, en Cataluña España acompañado de otros 3.000 jóvenes, gracias a la organización de la Conferencia Episcopal Española.
Para ello llevan preparándose desde enero, con clases de portugués, reflexiones y oración. Pero no es la primera vez que Marc participa en un encuentro de este tipo, también estuvo en la JMJ de Colonia y la de Madrid. (MZ-RV) 

JMJ: los jóvenes de Madrid a Rio
(RV).- (audio) Son unos 3.000 los peregrinos españoles que se espera que participen del 23 al 28 de julio en la JMJ de Río. La Jornada Mundial de la Juventud de Rio recoge el testigo de la de Madrid, donde se celebró la JMJ en 2011. Este año el lema de la Jornada es “Id y haced discípulos a todos los pueblos”.
Con ellos participarán 13 obispos españoles: los cardenales Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española y Lluis Martínez Sistach, Arzobispo de Barcelona; los arzobispos de Toledo y de Zaragoza, así como los obispos de San Sebastián,; Solsona, Bilbao, Alcalá de Henares, de Mondoñedo-Ferrol,; de Santander,; de Lugo y algunos los auxiliares. Los cardenales Rouco Varela y Martínez Sistach, y los obispos, Mons. Munilla y Mons. Iceta impartirán catequesis en la Jornada.
El Departamento de Juventud de la Conferencia Episcopal Española coordina una peregrinación para participar en la Semana Misionera, del 15 al 20 de julio, en la diócesis de Campo Limpo (estado de São Paulo) y en los actos centrales de la JMJ de Rio. Este grupo, compuesto por 120 peregrinos de 20 diócesis españolas, estará acompañado por Mons. Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo y los obispos responsables del Departamento de Juventud de la CEE, Mons. Munilla, obispo de San Sebastián y Mons. Novell, obispo de Solsona (ER- RV)

Indulgencias por la Jornada Mundial de la Juventud
(RV).- (Con audio) El Papa Francisco concederá a los fieles indulgencias especiales con motivo de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Río de Janeiro, Brasil, del 22 al 29 de este mes de julio y cuyo tema es “Vayan y hagan discípulos a todas las naciones” (Mt, 29,19).
Según informa el decreto hecho público hoy y firmado por el cardenal Manuel Monteiro de Castro y por el obispo Krzysztof Nykiel, respectivamente Penitenciario Mayor y Regente de la Penitenciaría Apostólica, los jóvenes y todos los fieles adecuadamente preparados obtendrán la indulgencia plenaria, una vez al día, y con las condiciones habituales, a saber: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa, aplicable en sufragio de las almas de los fieles difuntos, si participan en los ritos y ejercicios píos que tengan lugar en Río de Janeiro.
Los fieles con impedimento legítimo podrán obtener la indulgencia plenaria si, con las habituales condiciones espirituales, sacramentales y de oración, con el propósito de sumisión fiel al Pontífice Romano, participan espiritualmente en las sagradas funciones en los días establecidos mientras éstas tienen lugar, a través de la televisión, la radio o con los nuevos medios de comunicación social.
Se concede la indulgencia parcial a los fieles, en cualquier lugar en el que se encuentren durante dicho encuentro, siempre que, con ánimo contrito, recen a Dios, concluyendo con la oración oficial de la Jornada Mundial de la Juventud e invoquen a la Bienaventurada Virgen María, Reina de Brasil, bajo la advocación de “Nuestra Señora de la Concepción Aparecida”, además de a los otros patronos e intercesores del mismo encuentro, para que impulsen a los jóvenes a que se refuercen en la fe y a llevar una vida santa.
Con el fin de que los fieles sean más fácilmente partícipes de estos dones, los sacerdotes, legítimamente aprobados para la escucha de las confesiones sacramentales, con ánimo dispuesto y generoso, deben aprestarse a recibirlas y proponer a los fieles oraciones públicas por el éxito de la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeriro (María Fernanda Bernasconi – RV).


Nuestra Señora Desatadora de Nudos, especial devoción del Papa Francisco

  Ciudad del Vaticano (Miércoles, 24-04-2013, Gaudium Press) En una entrevista a la Radio Vaticana, el rector de la Catedral de Buenos Aires, padre Alejandro Russo, reveló que el Papa Francisco, desde la época en que era Cardenal, siempre se aseguró de responder personalmente a todas las cartas a él remitidas. Sus repuestas generalmente eran acompañadas por 'santitos' con la imagen de Nuestra Señora Desatadora de Nudos.

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Según el sacerdote, "con esta misma imagen, hacía las felicitaciones de Navidad, de Pascua. Y fue la imagen que usó para distribuir cuando fue su ordenación episcopal".

El padre Alejandro Russo relata cómo originó esa tradición y devoción de la parte de Bergoglio. "El Papa cuando era sacerdote jesuita pasó un período en Alemania para estudiar, y allí en una Iglesia, encontró la imagen de Nuestra Señora Desatadora de Nudos. Llevó algunos santitos para Buenos Aires y comenzó, a cada carta que escribía, colocar una imagen de la Virgen junto a las cartas. Con el tiempo una pintora argentina se ofreció para hacer una copia de la imagen encontrada en la Iglesia alemana, para colocarla en la capilla de la Universidad del Salvador. En esta capilla, la Virgen tenía la devoción y la simpatía de mucha gente." (EPC)

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/46101-La-devocion-del-Papa-Francisco-a-Nuestra-Senora-Desatadora-de-Nudos#ixzz2ZIhZv6B5
Se autoriza su publicación desde que cite la fuente. 

martes, 16 de julio de 2013

COMENTARIO Vocabulario del Papa Francisco: la mundanidad espiritual

La idea de “mundanidad” ha sido entendida casi siempre en un sentido negativo, como uno de los tres clásicos enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. San Juan, en su Evangelio y en sus Cartas, entiende el “mundo” como algo opuesto al Espíritu de Cristo Lo mundano sería el paganismo resistente,  lo comprometido con el pecado, la obstinada opción por lo temporal y lo sensible, lo irredento, la renuncia a otra vida. Una conducta mundana sería casi sinónimo de una vida inmoral, especialmente escandalosa en una persona perteneciente al clero o a la vida religiosa.

El Papa Francisco está usando, en escritos y en alocuciones, otro sentido de la mundanidad más respetable, más sutil. Le llama “mundanidad espiritual”, reutilizando con matices propias una expresión del teólogo Henry De Lubac. La describe como “el ceder al espíritu del mundo, que te hace actuar por la propia realización y no por la gloria de Dios, esa especie de `burguesía del espíritu y de la vida´, que incita a acomodarse, a buscar una vida confortable y tranquila».

El Santo Padre a esta desviación profunda del Evangelio la conecta con el afán de “hacer carrera” dentro de la estructura eclesiástica. De ahí su constante exhortación a los candidatos a Pastores en la Iglesia a "que sean capaces de ‘cuidar’ el rebaño que les fue confiado, de tener cuidado de todo lo que les mantenga unidos; de ‘vigilarlo’, de prestar atención a los peligros que amenazan. Pero por encima de todo que sean capaces de ‘velar’ el rebaño, de cuidar la esperanza, de que haya sol y luz en los corazones, de apoyar con amor y con paciencia los planes que Dios tiene para su pueblo".

Está claro que todo esto es lo opuesto a la “mundanidad espiritual”.

J.S.



Logo de la JMJ Rio 2013


Cada vez más cerca JMJ de Río

2013-07-14 L’Osservatore Romano
Faltan menos de diez días para la llegada del Papa Francisco a Brasil para la cita con los jóvenes de la JMJ. En Río de Janeiro continúa la peregrinación de la cruz y de la imagen mariana, símbolo de las JMJ. El viernes 12 se llevaron hasta la cumbre del Corcovado, la montaña sobre la que domina la imponente estatua del Cristo Redentor. Actividades relacionadas con la JMJ se desarrollan contemporáneamente en todo el país. La Jornada brasileña, en efecto, se caracteriza por la así llamada “Semana misionera”, que sustituye a las anteriores «Jornadas en las diócesis». Fundamentalmente es un período durante el cual los jóvenes procedente de diversos países —de las inscripciones resultan representados más de 190— son acogidos y hospedados en distintas diócesis, pudiéndolas visitar y tener una experiencia directa de la Iglesia que vive en Brasil.

domingo, 14 de julio de 2013

COMENTARIO El vocabulario del Papa Francisco: autorreferencial

Se trata de una idea antigua, que vuelve a aparecer una vez más en  el Concilio Vaticano II: la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano. Por tanto la Iglesia no es fin en sí misma, sino que señala y permite una realidad que es distinta de ella misma.

Pongo un ejemplo: El cohete propulsor de una nave espacial tiene una finalidad concreta, que es vencer la resistencia de la gravedad a base que quemar combustible para poner en órbita a la nave. El cohete se va desprendiendo de los tanques que almacenan el combustible y al final se queda en nada. Ha funcionado como un instrumento que una vez conseguido el fin desaparece.  El Vaticano II recuerda que al final de los tiempos “la Iglesia y sus instituciones desaparecen”  para dar lugar a la realidad última: el Reino de Dios en Cristo (1).

Hasta ese momento final la misión de la Iglesia es facilitar la presencia de Cristo entre los hombres, facilitar la incorporación a Cristo, comunicar a Cristo. Si los miembros de la Iglesia con oficio de pastores olvidamos esa referencia a Cristo podemos incurrir en esa involución que el Papa llama autorreferencialidad. El Papa lo ha dicho a los obispos argentinos: La enfermedad típica de la Iglesia encerrada es la autorreferencial; mirarse a sí misma, estar encorvada sobre sí misma como aquella mujer del Evangelio. Es una especie de narcisismo que nos conduce a la mundanidad espiritual y al clericalismo sofisticado, y luego nos impide experimentar “la dulce y confortadora alegría de evangelizar”.

(1) En la teología medieval a ese resultado neto, final, de la acción sacramental, desaparecido el signo, se llamaba res tantum.

J.S.



COMENTARIO El vocabulario del Papa Francisco: mediadores, intermediarios

Con bastante frecuencia el Papa Francisco usa como términos contrarios que se contraponen el binomio mediadores, no intermediarios. Por el contexto se ve de inmediato en qué sentido usa el Papa ambas palabras en oposición dialéctica. El Pontífice ha empleado esta terminología al dirigirse a obispos, a sacerdotes, a nuncios apostólicos en distintas ocasiones.

Mediador es un término teológica muy preciso. Por ejemplo, Cristo es el único Mediador entre Dios y los hombres. El mismo Jesús nos dice en el Evangelio: Quien me ve a Mí, ve al Padre y Nadie va al Padre sino por el Hijo. El mediador comunica, no interfiere, es transparente.

Así un buen obispo hace presente a Cristo Cabeza y Buen Pastor ante los fieles de la Iglesia que preside; un buen sacerdote facilita que los fieles vean a Cristo que perdona cuando imparte la absolución en el Sacramento de la Reconciliación.

El Papa usa como contraposición la palabra intermediario. ¿En qué sentido? En el sentido de alguien que ejerce la mediación que le corresponde por su oficio sagrado de un modo opaco, en beneficio propio, con falta de rectitud.

Un ejemplo de este recurso a un juego de palabras  puede ser lo que dijo el Papa en la ordenación de 10 nuevos presbíteros: sed pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios.


J.S.

sábado, 13 de julio de 2013

COMENTARIO El vocabulario del Papa Francisco: periferia

El Papa Francisco tiene un vocabulario propio, originariamente en español, acuñado a la largo de su mucha experiencia en la  pastoral y en la orientación de almas. ¿Os habéis fijado, por ejemplo, en la frecuencia con que usa la palabra “periferia” o “periferias existenciales”?.  Con esta expresión se refiere a todo lo que cae fuera de lo establecido, de lo estable, de lo organizado, ya sea en una parroquia o en un ambiente social confortable, Quizá podría entenderse como la marginación, como el mundo de los marginados en todos los órdenes de la vida. No puede reducirse “la periferia” a la situación  urbana porque en la periferia de las grandes ciudades se pueden encontrar tanto chabolarios como urbanizaciones de lujo.
El pasado domingo des decía el Papa a los seminaristas, a los novicios y novicias de vida consagrada: cuanto más les llame la misión a ir a las periferias existenciales, más unido ha de estar su corazón a Cristo, lleno de misericordia y de amor. ¡Aquí reside el secreto de la fecundidad pastoral, de la fecundidad de un discípulo del Señor!
A pesar de la pésima traducción oficiosa al español de la homilía del Papa, se entiende lo que dijo: mientras más alejado y marginal sea el ambiente de vuestra misión apostólica, más lleno del amor de Cristo ha de estar vuestro corazón.


Jorge Salinas

viernes, 12 de julio de 2013

COMENTARIO La presencia íntima de Cristo, en la predicación del Papa Francisco

Una de las características de la predicación viva del Papa Francisco es la expresividad con que se refiere a la íntima presencia de Cristo en el cristiano que ora. Es el Jesús de mi alma o el Jesús de mi corazón tan frecuente en los labios o en el musitar sin palabras de almas piadosas de todos los tiempos.

En la Encíclica Donum Fidei, n. 20, el Papa cita unas palabras atribuidas a Moisés, dirigidas al pueblo: el mandamiento de Dios no es demasiado alto ni está demasiado alejado del hombre. No se debe decir: « ¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá? » o « ¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá? » (cf. Dt 30,11-14). La intención del autor del Antiguo Testamento es clara. El pueblo piadoso ha interiorizado la Ley, lleva en su corazón la Palabra de Dios, no tiene que buscarla en el espacio sideral.

Esa palabras de Moisés son releídas y re-escritas siglos más tarde por San Pablo. Aquí ocurre algo parecido a lo que hacemos cuando escribimos en un ordenador un documento, por ejemplo en Word. Solemos mejorar un texto original con sucesivas correcciones. El verbo que usamos cuando sustituimos un texto previo por uno actual es overwrite, sobrescribir. Pues bien, en gran medida,  los escritos del Nuevo Testamentos son un overwriting del Antiguo.

Pablo conoce a Cristo. Lo conoce profundamente y en su propia vida. Tiene una experiencia formidable de lo que es vivir en  Cristo y de lo que es Cristo viviendo en él. Sabe también que Cristo es la Palabra de Dios hecho hombre, hecho carne, es Jesús mismo. Y con esa experiencia sobrescribe textos mosaicos, Pero es mejor que dejemos paso a las palabras del Papa Francisco.

Pablo interpreta esta cercanía de la palabra de Dios como referida a la presencia de Cristo en el cristiano: « No digas en tu corazón: “¿Quién subirá al cielo?”, es decir, para hacer bajar a Cristo. O “¿quién bajará al abismo?”, es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos » (Rm 10,6-7). Cristo ha bajado a la tierra y ha resucitado de entre los muertos; con su encarnación y resurrección, el Hijo de Dios ha abrazado todo el camino del hombre y habita en nuestros corazones mediante el Espíritu santo. La fe sabe que Dios se ha hecho muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don que nos transforma interiormente, que habita en nosotros, y así nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida, el arco completo del camino humano.

Es un paralelismo de gran belleza.

Jorge Salinas

Un artículo extenso sobre este tema lo encuentras en Cristo en nosotros, nosotros en Cristo

jueves, 11 de julio de 2013

COMENTARIO La comunión con Cristo en la Enc. "Lumen Fidei" del Papa Francisco

  
Es muy difícil describir en un lenguaje realista en qué consiste nuestra comunión con Cristo. El Papa Francisco, en su  Encíclica, emplea un lenguaje casi espacial. Yo puedo vivir sólo en mi casa y también puedo invitar y aceptar en mi casa a otra persona. Entonces puedo hablar de otro que comparte mi espacio. Si trasladamos esta imagen a un terreno espiritual se entienden las palabras del Papa: En la fe, el « yo » del creyente se ensancha para ser habitado por Otro, para vivir en Otro, y así su vida se hace más grande en el Amor. En esto consiste la acción propia del Espíritu Santo. Fijaos que en ese caso “Cristo vive en mí” y “yo vivo en Cristo”, porque el Otro siempre es Cristo. La distinción entre mi persona y la Persona de Cristo nunca se pierde.  La Encíclica cita en lenguaje paulino: Por eso, san Pablo puede afirmar: « No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí » (Ga 2,20), y exhortar: « Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones » (Ef 3,17)
A partir de ahí, podemos entrever en qué sentido nos identificamos con Cristo. No que deje de ser yo mismo, en diálogo amoroso con el Otro, sino en el sentido de que se hace mío su pensar, su querer, etc. Con palabras del Papa, el cristiano puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos, su condición filial, porque se le hace partícipe de su Amor, que es el Espíritu. Y en este Amor se recibe en cierto modo la visión propia de Jesús. La fe y la visión de fe es “ver con los ojos de Jesús”. Realmente, para el cristiano, su existencia se dilata más allá de sí mismo. En el caso concreto de la fe, el cristiano no se queda ciego (no suspende su razón natural) sino que se amplía su campo visual porque ve también con los ojos de Cristo.

Jorge Salinas

Nota: un estudio amplio sobre este tema lo publiqué en 2004. Se puede ver en Cristo en nosotros, nosotros en Cristo

martes, 9 de julio de 2013

COMENTARIO El Papa Francisco y el Catecismo de la Iglesia Católica

Hay una escena del Evangelio en la que Jesús hace dos encuestas al estilo moderno, dos encuestas de opinión, parecidas a las que realiza por encargo cualquier agencia especializada hoy día. Una o varias preguntas bien pensadas, una muestra de población, unos agentes que plantean un cuestionario, una recolección de datos, un estudio y un resultado. Lo que solemos  leer o a ver en TV son ejemplos muy simples de entrevistas a pie de calle, sin las pretensiones de encuestas profesionales bien hechas. Vd ¿qué piensa del calor que hace?  Y contesta una señora, un joven, una anciano o un turista de paso: pues yo pienso de que…

Jesús hace una encuesta bien hecha. Estamos en Cesarea de Filipo y quizá haya transcurrido ya un año desde el inicio de su vida pública. Miles de personas le han visto, le han oído, le han tocado...Muchos enfermos han sido curados, endemoniados han sido liberados, su fama de rabino santo, que habla de un modo nuevo, se extiende por Galilea y Judea. El círculo de discípulos más cercano, más estable, que le acompaña a todas partes, ha estado en contacto directo con esas muchedumbres y sabe lo que la gente piensa y comenta sobre Jesús. Es lógico, pues, que el Maestro les pregunte a ellos, los discípulos, acerca del estado de opinión de las muchedumbres. ¿Quién dicen los hombres que es Hijo del Hombre? Que es tanto como preguntar: ¿qué dice la gente de Mí?

Resultados de esta primera encuesta: Unos que Juan el Bautista, otros de Elías, y otros que Jeremías o alguno de los profetas. Salta a la vista que la valoración que el pueblo hace de Jesús es altísima. Sería la envidia de los políticos modernos que suelen ser valorados periódicamente en encuestas semejantes.

Pero Jesús tiene preparada una segunda encuesta, esta vez más restringida. Se dirige sólo a los Apóstoles. Y ¿vosotros quién decís que soy Yo? La respuesta de Simón Pedro es  rotunda y en solitario: Tú eres el Cristo,  el Hijo de Dios vivo. Ésa es la fe de la Iglesia, puesta en boca de Pedro. Una confesión, una identificación de Jesús de un modo distinto, único e infinitamente superior a cualquiera de los resultados de la primera encuesta. El Señor deja en claro que ese conocimiento que tiene Pedro no resultado de pesquisas humanas, que es un don, que es una revelación interior de mi Padre que está en los Cielos.

Ser católicos no es disponer de un menú de opciones o preferencias en los temas que son de fe.  Yo pienso de que, opino de que, soy católico pero creo en esto, pero no en esto otro, etc. Como nos enseña el Papa Francisco en su encíclica Donum Fidei: Es imposible creer cada uno por su cuenta. La fe no es únicamente una opción individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relación exclusiva entre el « yo » del fiel y el « Tú » divino, entre un sujeto autónomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al « nosotros », se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia.

El catolicismo “a la Carta” supone una corrupción de la fe. Como decía San Cipriano, la fe es una o no es fe. El Credo es como un cuerpo y los artículos de fe son como los miembros de ese cuerpo.

El Papa Francisco desarrolla, en su Encíclica, con claridad, este rasgo de la unidad e integridad de la Fe. Nuestra fe es la fe Iglesia. Por eso la fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio.
Una vez más, el Papa Francisco, señala la importancia del Catecismo de la Iglesia Católica, instrumento fundamental para aquel acto unitario con el que la Iglesia comunica el contenido completo de la fe, « todo lo que ella es, todo lo que cree ».

Me permito un consejo práctico al amable lector. Tener siempre a mano el Catecismo de la Iglesia Católica, como una guía, un vademécum, un criterio seguro. En papel o en soporte informático, en el PC, en el Smartphone o en el e-reader.

Jorge Salinas


lunes, 8 de julio de 2013

COMENTARIO Papa Francisco y su Encíclica Lumen Fidei


Tengo un amigo muy aficionado a algunos deportes, que practicó con éxito en su juventud; ahora disfruta mucho viéndolos por TV, especialmente baloncesto, fútbol y tenis. Pero tiene una manía curiosa y, al mismo tiempo razonable. Como entiende mucho de cada uno de esos deportes prescinde de la voz de los locutores de turno, silencia por completo el televisor y sigue concienzudamente las jugadas. Alguna vez que he coincidido con él en ese trance le he dicho: “pero ¿cómo puedes seguir ese encuentro sin la voz de un comentador?”. Y siempre me contesta igual: veo bien a los jugadores, sigo perfectamente las jugadas, entiendo los aciertos y los fallos de cada equipo, puedo leer las tácticas que, bien o mal, siguen los dos contendientes, saco mis consecuencias, me meto en el partido… ¿para qué quiero que me distraiga un señor con sus comentarios? ¿a ti te gustaría ver una película oyendo al mismo tiempo los comentarios de un vecino de butaca?. 

He llegado a comprender que tiene razón, pero tiene razón porque sabe muchísimo de esos deportes. Para la mayoría de los telespectadores –incluyéndome a mí por supuesto- no nos vale ese razonamiento y agradecemos la compañía de un buen comentarista en los certámenes deportivos. La mayoría de los espectadores no tenemos esa capacidad crítica, somos incapaces de un seguimiento visual tan frío, tan profesional y nos ayuda que alguien nombre a los jugadores, describa oralmente lo que ya se ve en la pantalla y califique con cierta pasión partidista lo que está ocurriendo.

Pero hay algo más. Algo que estamos comprobando los telespectadores de los últimos años. Los deportistas españoles han cosechado muchos triunfos mundiales en las últimas temporadas: en fútbol, en basket, en tenis, en motociclismo, en Fórmula 1, etc. Los locutores deportivos saben lo que le gusta al público y en cuanto aparece “la marca España” no se limitan a describir de palabra lo que ya ven los ojos sino que son verdaderos cómplices de pasiones soterradas de una gran masa. Son auténticos animadores que potencian las emociones de una mayoría. Compinchados, telespectadores y comentaristas, podemos llegar, en determinadas situaciones, a extremos de pura irrealidad: ¡faltan diez minutos para el final, pero aunque vayamos perdiendo podemos ganar! Eso se dice en inglés wichfullthinking, es decir,  pensar con la voluntad o con el querer. Incluso se pueden escapar expresiones como hay que tener fe, hay que mantener la esperanza.

Esto que estoy describiendo en tono menor, ocurre en otros muchos terrenos más serios, con consecuencias más dramáticas. Al fin y al cabo, los comentaristas deportivos son gente cercana, simpática. Pero ¿qué pensar del coro de voceros que intentan explicarnos la realidad más amplia, la realidad de las personas, de las familias, de las empresas, de las naciones…del mundo mundial? ¿Qué pensar de los voceros que intentar crearnos la ilusión de que ellos conocen la realidad y la controlan, de que ellos son los creadores del futuro? ¿Son realmente testigos fiables?

Un párrafo de la reciente Encíclica del Papa Francisco, Lumen fidei, me ha despertado una serie larguísima de consideraciones. Comentando un pasaje de la Biblia dice el Obispo de Roma: La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida. Si la fe fuese eso, el rey Acaz tendría razón en no jugarse su vida y la integridad de su reino por una emoción. En cambio, gracias a su unión intrínseca con la verdad, la fe es capaz de ofrecer una luz nueva, superior a los cálculos del rey, porque ve más allá, porque comprende la actuación de Dios, que es fiel a su alianza y a sus promesas.

La fe, que es el tema de la reciente Encíclica, tiene sentido si es relativa a algo verdadero, si se funda en la Verdad, que es Dios. Existe un Testigo fiel, que ha avalado su testimonio con su muerte y resurrección. El nos lo ha revelado todo.

Jorge Salinas


sábado, 6 de julio de 2013

Un resumen más breve de la Encíclica "Lumen Fidei" del Papa Francisco

El documento que hoy ve la luz tiene cuatro capítulos, una introducción y una conclusión. Se estructura en 60 puntos. 

Las encíclicas son los documentos más importantes que escriben los Papas. Juan Pablo II publicó catorce y Benedicto XVI, tres.

“La Luz de la Fe” completa el cuadro de las virtudes teologales que Benedicto XVI había iniciado con sus encíclicas sobre la esperanza y la caridad, pensando en dejar la fe para este momento: el cincuenta aniversario del Concilio Vaticano II, celebrado con el Año de la Fe que se clausura el próximo 24 de noviembre.

El primer capítulo presenta la fe de Jesucristo, el verdadero “testigo fiable” que revela cómo es Dios y que nos ayuda a verlo del modo en que él mismo lo veía, como Padre. Pero la fe no es sólo conocimiento, “es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la historia de la salvación”.

El segundo capítulo, más práctico, aborda la relación entre “fe y verdad”, y también entre “fe y amor”. El Papa Francisco advierte que “la fe, sin verdad, no salva. Se queda en una bella fábula, la proyección de nuestros deseos de felicidad”. Al mismo tiempo, se traduce en amor a Dios y a los demás. Por eso, la fe no es intransigente, y el creyente no es arrogante, sino que practica de modo natural el diálogo.

El capítulo tercero se centra en la evangelización, pues la fe es para difundirla, y en el modo en que todo se refuerza gracias a los sacramentos del bautismo y la eucaristía.

Por último, el capítulo cuarto se refiere al bien común, es decir, al modo de organizar la sociedad según los criterios de la fe, con detalles sobre el modo de vivirla en la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, en las relaciones sociales, en el respeto a la naturaleza –que es manifestación de Dios- y en los momentos difíciles del sufrimiento y de la muerte.

viernes, 5 de julio de 2013

Síntesis de la Encíclica "Lumen Fidei¨



Síntesis de la Encíclica del Papa Francisco "Lumen fidei" 

(RV).- “Lumen fidei” - La luz de la fe (LF) es la primera encíclica firmada por el Papa Francisco. Dividida en cuatro capítulos, una introducción y una conclusión, la Carta - explica el Papa - se suma a las encíclicas del Papa Benedicto XVI sobre la caridad y la esperanza y asume el "valioso trabajo" realizado por el Papa emérito, que ya había "prácticamente completado" la encíclica sobre la fe. A este "primera redacción" el Santo Padre Francisco agrega ahora "algunas aportaciones".

La introducción (No. 1-7) de la LF ilustra los motivos en que se basa el documento: En primer lugar, recuperar el carácter de luz propio de la fe, capaz de iluminar toda la existencia del hombre, de ayudarlo a distinguir el bien del mal, sobre todo en una época como la moderna, en la que el creer se opone al buscar y la fe es vista como una ilusión, un salto al vacío que impide la libertad del hombre. En segundo lugar, la LF - justo en el Año de la Fe, 50 años después del Concilio Vaticano II, un "Concilio sobre la Fe" - quiere reavivar la percepción de la amplitud de los horizontes que la fe abre para confesarla en la unidad y la integridad. La fe, de hecho, no es un presupuesto que hay que dar por descontado, sino un don de Dios que debe ser alimentado y fortalecido. "Quien cree ve", escribe el Papa, porque la luz de la fe viene de Dios y es capaz de iluminar toda la existencia del hombre: procede del pasado, de la memoria de la vida de Jesús, pero también viene del futuro porque nos abre vastos horizontes.
El primer capítulo (8-22): Hemos creído en el amor (1 Jn 4, 16). En referencia a la figura bíblica de Abraham, la fe en este capítulo se explica como "escucha" de la Palabra de Dios, "llamada" a salir del aislamiento de su propio yo , para abrirse a una nueva vida y "promesa" del futuro, que hace posible la continuidad de nuestro camino en el tiempo, uniéndose así fuertemente a la esperanza. La fe también se caracteriza por la "paternidad", porque el Dios que nos llama no es un Dios extraño, sino que es Dios Padre, la fuente de bondad que es el origen de todo y sostiene todo. En la historia de Israel, lo contrario de la fe es la idolatría, que dispersa al hombre en la multiplicidad de sus deseos y lo "desintegra en los múltiples instantes de su historia", negándole la espera del tiempo de la promesa. Por el contrario, la fe es confiarse al amor misericordioso de Dios, que siempre acoge y perdona, que endereza "lo torcido de nuestra historia", es disponibilidad a dejarse transformar una y otra vez por la llamada de Dios "es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la historia de la salvación." (n. 14) Y aquí está la "paradoja" de la fe: el volverse constantemente al Señor hace que el hombre sea estable, y lo aleja de los ídolos.
La LF se detiene, después, en la figura de Jesús, el mediador que nos abre a una verdad más grande que nosotros, una manifestación del amor de Dios que es el fundamento de la fe "precisamente en la contemplación de la muerte de Jesús la fe se refuerza", porque Él revela su inquebrantable amor por el hombre. También en cuanto resucitado Cristo es "testigo fiable", "digno de fe”, a través del cual Dios actúa realmente en la historia y determina el destino final. Pero hay "otro aspecto decisivo" de la fe en Jesús: "La participación en su modo de ver". La fe, en efecto, no sólo mira a Jesús, sino que también ve desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos. Usando una analogía, el Papa explica que, como en la vida diaria, confiamos en "la gente que sabe las cosas mejor que nosotros" - el arquitecto, el farmacéutico, el abogado - también en la fe necesitamos a alguien que sea fiable y experto en "las cosas de Dios" y Jesús es "aquel que nos explica a Dios." Por esta razón, creemos a Jesús cuando aceptamos su Palabra, y creemos en Jesús cuando lo acogemos en nuestras vidas y nos confiamos a él. Su encarnación, de hecho, hace que la fe no nos separe de la realidad, sino que nos permite captar su significado más profundo. Gracias a la fe, el hombre se salva, porque se abre a un Amor que lo precede y lo transforma desde su interior. Y esta es la acción propia del Espíritu Santo: "El cristiano puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos, su condición filial, porque se le hace partícipe de su Amor, que es el Espíritu" (n. 21). Fuera de la presencia del Espíritu, es imposible confesar al Señor. Por lo tanto, "la existencia creyente se convierte en existencia eclesial", porque la fe se confiesa dentro del cuerpo de la Iglesia, como "comunión real de los creyentes." Los cristianos son "uno" sin perder su individualidad y en el servicio a los demás cada uno gana su propio ser. Por eso, "la fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva", sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio.
El segundo capítulo (23-36): Si no creéis, no comprenderéis (Is 07, 09). El Papa demuestra la estrecha relación entre fe y verdad, la verdad fiable de Dios, su presencia fiel en la historia. "La fe, sin verdad, no salva - escribe el Papa – Se queda en una bella fábula, la proyección de nuestros deseos de felicidad." Y hoy, debido a la "crisis de verdad en que nos encontramos", es más necesario que nunca subrayar esta conexión, porque la cultura contemporánea tiende a aceptar solo la verdad tecnológica, lo que el hombre puede construir y medir con la ciencia y lo que es "verdad porque funciona", o las verdades del individuo, válidas solo para uno mismo y no al servicio del bien común. Hoy se mira con recelo la "verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto", porque se la asocia erróneamente a las verdades exigidas por los regímenes totalitarios del siglo XX. Esto, sin embargo, implica el "gran olvido en nuestro mundo contemporáneo", que - en beneficio del relativismo y temiendo el fanatismo - olvida la pregunta sobre la verdad, sobre el origen de todo, la pregunta sobre Dios. La LF subraya el vínculo entre fe y amor, entendido no como "un sentimiento que va y viene", sino como el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da nuevos ojos para ver la realidad. Si, pues, la fe está ligada a la verdad y al amor, entonces "amor y verdad no se pueden separar", porque sólo el verdadero amor resiste la prueba del tiempo y se convierte en fuente de conocimiento. Y puesto que el conocimiento de la fe nace del amor fiel de Dios, "verdad y fidelidad van juntos". La verdad que nos abre la fe es una verdad centrada en el encuentro con el Cristo encarnado, que, viniendo entre nosotros, nos ha tocado y nos ha dado su gracia, transformando nuestros corazones.
Aquí el Papa abre una amplia reflexión sobre el "diálogo entre fe y razón", sobre la verdad en el mundo de hoy, donde a menudo viene reducida a la "autenticidad subjetiva", porque la verdad común da miedo, se identifica con la imposición intransigente de los totalitarismo. En cambio, si la verdad es la del amor de Dios, entonces no se impone con la violencia, no aplasta al individuo. Por esta razón, la fe no es intransigente, el creyente no es arrogante. Por el contrario, la verdad vuelve humildes y conduce a la convivencia y el respeto del otro. De ello se desprende que la fe lleva al diálogo en todos los ámbitos: en el campo de la ciencia, ya que despierta el sentido crítico y amplía los horizontes de la razón, invitándonos a mirar con asombro la Creación; en el encuentro interreligioso, en el que el cristianismo ofrece su contribución; en el diálogo con los no creyentes que no dejan de buscar, que "intentan vivir como si Dios existiese", porque "Dios es luminoso, y se deja encontrar por aquellos que lo buscan con sincero corazón". "Quién se pone en camino para practicar el bien - afirma el Papa - se acerca a Dios". Por último, la LF habla de la teología y afirma que es imposible sin la fe, porque Dios no es un mero "objeto", sino que es Sujeto que se hace conocer. La teología es participación del conocimiento que Dios tiene de sí mismo; se desprende que debe ponerse al servicio de la fe de los cristianos y que el Magisterio de la Iglesia no es un límite a la libertad teológica, sino un elemento constitutivo porque garantiza el contacto con la fuente original, con la Palabra de Cristo.
El tercer capítulo (37-49): Transmito lo que he recibido (1 Co 15, 03). Todo el capítulo se centra en la importancia de la evangelización: quien se ha abierto al amor de Dios, no puede retener este regalo para sí mismo, escribe el Papa: La luz de Jesús resplandece sobre el rostro de los cristianos y así se difunde, se transmite bajo la forma del contacto, como una llama que se enciende de la otra, y pasa de generación en generación, a través de la cadena ininterrumpida de testigos de la fe. Esto comporta el vínculo entre fe y memoria, porque el amor de Dios mantiene unidos todos los tiempos y nos hace contemporáneos a Jesús. Por otra parte, se hace "imposible creer cada uno por su cuenta", porque la fe no es "una opción individual", sino que abre el yo al "nosotros" y se da siempre "dentro de la comunión de la Iglesia". Por esta razón, "quien cree nunca está solo": porque descubre que los espacios de su "yo" se amplían y generan nuevas relaciones que enriquecen la vida.
Hay, sin embargo, un "medio particular" por el que la fe se puede transmitir: son los Sacramentos, en los que se comunica "una memoria encarnada." El Papa cita en primer lugar el Bautismo – tanto de niños como de adultos, en la forma del catecumenado - que nos recuerda que la fe no es obra del individuo aislado, un acto que se puede cumplir solos, sino que debe ser recibida, en comunión eclesial. "Nadie se bautiza a sí mismo", dice la LF. Además, como el niño que tiene que ser bautizado no puede profesar la fe él solo, sino que debe ser apoyado por los padres y por los padrinos, se sigue "la importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en la transmisión de la fe." En segundo lugar, la Encíclica cita la Eucaristía, "precioso alimento para la fe", "acto de memoria, actualización del misterio" y que "conduce del mundo visible al invisible," enseñándonos a ver la profundidad de lo real. El Papa recuerda después la confesión de la fe, el Credo, en el que el creyente no sólo confiesa la fe, sino que se ve implicado en la verdad que confiesa; la oración, el Padre Nuestro, con el que el cristiano comienza a ver con los ojos de Cristo; el Decálogo, entendido no como "un conjunto de preceptos negativos", sino como "un conjunto de indicaciones concretas" para entrar en diálogo con Dios, "dejándose abrazar por su misericordia", "camino de la gratitud" hacia la plenitud de la comunión con Dios . Por último, el Papa subraya que la fe es una porque uno es "el Dios conocido y confesado", porque se dirige al único Señor, que nos da la "unidad de visión" y "es compartida por toda la Iglesia, que forma un solo cuerpo y un solo Espíritu". Dado, pues, que la fe es una sola, entonces tiene que ser confesada en toda su pureza e integridad, "la unidad de la fe es la unidad de la Iglesia"; quitar algo a la fe es quitar algo a la verdad de la comunión. Además, ya que la unidad de la fe es la de un organismo vivo, puede asimilar en sí todo lo que encuentra, demostrando ser universal, católica, capaz de iluminar y llevar a su mejor expresión todo el cosmos y toda la historia. Esta unidad está garantizada por la sucesión apostólica.
El capítulo cuarto (n. 50-60): Dios prepara una ciudad para ellos (Hb 11, 16) Este capítulo explica la relación entre la fe y el bien común, lo que conduce a la formación de un lugar donde el hombre puede vivir junto con los demás. La fe, que nace del amor de Dios, hace fuertes los lazos entre los hombres y se pone al servicio concreto de la justicia, el derecho y la paz. Es por esto que no nos aleja del mundo y no es ajena al compromiso concreto del hombre contemporáneo. Por el contrario, sin el amor fiable de Dios, la unidad entre todos los hombres estaría basada únicamente en la utilidad, el interés o el miedo. La fe, en cambio, capta el fundamento último de las relaciones humanas, su destino definitivo en Dios, y las pone al servicio del bien común. La fe "es un bien para todos, un bien común", no sirve únicamente para construir el más allá, sino que ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza.
La encíclica se centra, después, en los ámbitos iluminados por la fe: en primer lugar, la familia fundada en el matrimonio, entendido como unión estable de un hombre y una mujer. Nace del reconocimiento y de la aceptación de la bondad de la diferenciación sexual y, fundada sobre el amor en Cristo, promete "un amor para siempre" y reconoce el amor creador que lleva a generar hijos. Después los jóvenes: aquí el Papa cita las Jornadas Mundiales de la Juventud, en las que los jóvenes muestran "la alegría de la fe" y el compromiso de vivirla de un modo firme y generoso. "Los jóvenes aspiran a una vida grande - escribe el Papa -. El encuentro con Cristo da una esperanza sólida que no defrauda. La fe no es un refugio para personas pusilánimes, sino que ensancha la vida". Y en todas las relaciones sociales: haciéndonos hijos de Dios, de hecho, la fe da un nuevo significado a la fraternidad universal entre los hombres, que no es mera igualdad, sino la experiencia de la paternidad de Dios, comprensión de la dignidad única de la persona singular. Otra área es la de la naturaleza: la fe nos ayuda a respetarla, a "buscar modelos de desarrollo que no se basen únicamente en la utilidad y el provecho, sino que consideren la creación como un don"; nos enseña a encontrar las formas justas de gobierno, en las que la autoridad viene de Dios y está al servicio del bien común; nos ofrece la posibilidad del perdón que lleva a superar los conflictos. "Cuando la fe se apaga, se corre el riesgo de que los fundamentos de la vida se debiliten con ella", escribe el Papa, y si hiciéramos desaparecer la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilitaría la confianza entre nosotros y quedaríamos unidos sólo por el miedo. Por esta razón no debemos avergonzarnos de confesar públicamente a Dios, porque la fe ilumina la vida social. Otro ámbito iluminado por la fe es el del sufrimiento y la muerte: el cristiano sabe que el sufrimiento no puede ser eliminado, pero que le puede dar sentido, puede convertirlo en acto de amor, de entrega confiada en las manos de Dios, que no nos abandona, y ser así "etapa de crecimiento en la fe y el amor". Al hombre que sufre, Dios no le da un racionamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que acompaña, que abre un un resquicio de luz en la oscuridad. En este sentido, la fe está unida a la esperanza. Y aquí el Papa hace un llamamiento: "No nos dejemos robar la esperanza, no permitamos que la banalicen con soluciones y propuestas inmediatas que obstruyen el camino."
Conclusión (N º 58-60): Bienaventurada la que ha creído (Lc 1, 45) Al final de la LF, el Papa nos invita a mirar a María, "icono perfecto" de la fe, porque, como Madre de Jesús, ha concebido "fe y alegría." A Ella se alza la oración del Papa para que ayude la fe del hombre, nos recuerde que aquellos que creen nunca están solos, y que nos enseñe a mirar con los ojos de Jesús.
(MFB – RV).